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Lo lamento por que detesto este procedimiento, pero tuve que poner un verificador de palabras en mis comentarios para reducir la cantidad de spam (comentarios mierda de gente semejante).

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2012-03-23

Trasliteraciones

Libros y señales


Mientras Lucia revisaba en el armario de la cocina de Benjamín buscando un recipiente en donde poner comida chatarra, Juan hurgaba en la biblioteca, sabiendo que era siempre la misma pero como siempre, esperando encontrarse con algo nuevo. Benjamín observaba a Juan, como él obedecía a un instinto propio de ciertas personas, de revisar las bibliotecas que tienen cerca. En determinado momento su rostro, al ver a Juan, se puso atento, y juan sonrió asintiendo sutilmente con la cabeza.
J—Al final te lo compraste, che!
B—No te dije nada por que sabía que revisarías la biblioteca y lo encontrarías por vos mismo.
J—Te habrá salido bastante…
B—Y sé que no es un libro que me vaya a ser útil, pero tenía que estar en mi biblioteca. Uno compra tantas pelotudeces, que simplemente no puedo andar escatimando en libros que me atraen.
J—¿Y te compraste el otro que viste ahí mismo?
B—¿El de dialéctica? Sí…
L—¡Eh, rata! Te comprás todos los libros que me gustan a mi.
B—No es mi culpa, si vos los mirás y los dejás abandonados a las manos de vaya uno a saber quien. Yo los rescato y los trato con cariño.
J—Algo que vos no haces con tus libros!
L—Yo sé como tratar a mis libros, púdranse los dos.
B—Lo más interesante es todo lo que aconteció el día en qué compré los libros…
J—Empezá a contar mientras voy por una cerveza.
L—¡Trae gaseosa para mi!
B—Como decía… Esa mañana, o el día anterior, como me quedé despierto hasta tarde decidí que era buena idea directamente no dormir.
L—¡Ah, bien eh! ¿Qué estuviste haciendo toda la noche, rata?
B—… Estuve viendo unos videos de Jean-Luc Ponty, y luego unos capítulos de una serie bastante pelotuda, pero no sé por qué me la miré toda la noche hasta que, a punto de terminar, me aburrió y no la vi más.
L—Linda vida la tuya…
B—A la mañana intenté solucionar unas complicaciones con mi computadora, como siempre… ¡Cada día estoy mas convencido de que la tecnología complota en contra nuestra!
J—Y, hay que pensar quienes son los que la fabrican…
B—Bueno, desayuné café y té y pan con manteca.
L—Que raro vos…
B—Me dieron ganas, además le puse poca y el pan era de esa panadería que a mi me gusta!
L—¡Que está llena de mujeres!
J—Un lugar al que podemos ir mañana a tomar la merienda…
B—Definitivamente.
L—¡No!
B—Como decía… Seguí con ese asunto tecnológico, a eso de las dos y pico almorcé un par de sanguches de huevo revuelto frito. Pero claro, con un poco de oregano!
L—¿Te parece comida eso?
J—¿Cómo llegaste a comprarte los libros, fue un impulso o lo tenías planeado?
B—Planeado para esta semana al menos… Me vestí, fui a pagar el gas y de ahí a Corrientes y Callao. Recuerdo que en colectivo había una mina bohemia que leía la Naranja Mecanica, eso me pareció un buen presagio…
L—¿Vos la leíste?
B—No, y no creo que me guste, pero me pareció buen presagio.
J—¡Ya lo creo!
L—Vos no creas nada mejor…
B—Caminé por Corrientes hasta que me encontré con la librería en cuestión. Entré y fui directo a la estantería del fondo en donde estaba el libro que quería, y al pasar mis ojos se proyectaron hacia el otro lado del local en donde vi el libro que tiene Juan entre sus manos. Fui a la estantería, en la cual un hombre investigaba, y casi de forma insolente de mi parte agarré el libro que quería que sabía en donde estaba, no vaya a ser que a ese hombre se le ocurriera adelantárseme. Con el libro en la mano fui a buscar el otro libro, siendo insolente nuevamente pero ahora con una muchacha…
J—¡Jajajaja! Entiendo el sentimiento, uno ve a esas personas como buitres…
B—Si. Entonces los llevé a la caja y la chica que atendía, de unos hermosos ojos castaños… Me lo embolsó y me hizo un cinco porciento de descuento.
J—Parece que le caíste bien…
B—Puede ser… Me gusta pensar que le llamó la atención el que yo haya entrado ahí, tomado esos dos libros sabiendo en donde estaban, y comprarlos sin rodeos… Una venta fácil después de todo…
L—A ella le gustó que no le hagas preguntas sobre los libros y cobrarte rápido.
B—Probable…
J—Pero no descartes tus encantos…
B—¡Jajaja! No, claro que no…
L—¿Eso es todo?
B—No, falta el libro de Sabato. Me fui a la librería esa en la que tengo una tarjeta de descuento, al entrar puse los libros en un casillero y empecé a dar vueltas. Estoy seguro que hemos estado en esa libraría…
L—¡Hemos estado en todas las librerías de Corrientes!
J—Eso es muy seguro…
B—Bueno, el libro no estaba, y tampoco encontré nada de Adler…
J—¿De que hablaba él?
B—Psicología individualista… Así que me fui, y cuando retiré los libros me encontré en la puerta del armario una moneda de un peso, es decir una de más.
L—Simplemente tenes buena suerta rata!
J—Fue un buen día.
B—Luego, caminé, y en la esquina vi a una morocha con unos pantalones de jogin violeta ajustado, y a mi me gusta el violeta, y los pantalones ajustados, y las morochas…
L—¡Bueno! Siempre pensando en lo mismo vos. ¿Era necesario mencionar a la mujer esa?
B—¡Claro que sí! Algo que nunca les he dicho, es que a veces cuando estoy sin rumbo por el centro me pongo a seguir culos.
L—¡Que horror!
B—Es como una revelación divina, el destino se me manifiesta a través de los culos.
J—Mirá vos, eh!
B—¡Si!
J—¿Y a donde te llevó ese culo?
L—¡Estoy acá!
B—Crucé. La morocha se paró en un puesto de diarios y yo seguí caminando. Al poco tiempo paso por una librería estrecha y profunda con una selección de libros que parecía de humanidades. Algo me dijo que entrara.
J—¡Esas librerías son las mejores!
B—Definitivamente, y apenas entré vi un tomo del Túnel… Pregunté por el libro que quería y también lo tenían, así que lo compré.
J—¡El culo te llevó a buen puerto entonces!
L—Basta, che…
B—Salí contento abrazando los libros como tesoros. A las pocas cuadras me encuentro junto a la vidriera de un hotel bien caro un par de músicos callejeros. Pero, tenían uno un violín y el otro un violonchelo, ambos eléctricos y de forma exotica. Tocaban muy lindo en verdad. Delante había una mesita en donde se exibían dos pequeñas ediciones de discos. Al cabo de un rato, mientras el violonchelista se las veía con una empleada del hotel que los quería echar, el violinista se me acercó. En un principio había pensado dejarles diez pesos, pero habiendo discos preferí llevarme uno. De vuelta, uno gasta la plata en tantas boludeces que de repente gastarlo en cultura parece lo más razonable. Entonces le pregunto al sujeto…
B—¿Qué diferencia hay entre los dos discos?
V—Los dos cuestan treinta pesos.
B—Sí, pero yo quiero saber la diferencia musicalmente…
V—Bueno, el de la izquierda tiene más canciones, el de la derecha es más elaborado… —Yo pensé un poco.
V—Mirá, a la gente suele gustarle el de la izquierda…
B—Y a mi me gusta Jean-Luc Ponty.
V—¡El de la derecha entonces!
Pagué, dije gracias, ellos siguieron discutiendo con la empleada, luego tocaron más música, y yo me fui a tomar el colectivo.
J—¡Que aventura!
B—Y podría agregar… En la parada del colectivo se me fue uno que por cinco metros no me abrió la puerta. Desee en vos alta que al colectivero le salieran hemorroides… Pero luego caminando en la parada di unos golpecitos al libro y me dije que no tenía que abusar de la suerte. Entonces me di cuenta que siguiente en la fila se encontraba una muchacha bonita y escotada, y me pareció otra señal.
L—¡Nada de señal! Sos un baboso…
B—No entendés nada por que sos una moralista…
L—No lo soy!
B—Da lo mismo. En el colectivo viajó esta muchacha a la cual cedí el paso al subir. Arriba también había un sujeto que me pareció en un momento que estaba cantando canciones en hebréo. Luego cambió la gente que me rodeaba en el colectivo, y yo seguía quieto ahí, abrazando los libros. Fui flanqueado por un par de flacas, una rubia y una castaña. La castaña masticaba chicle y tenía aliento a cigarrillo, y la recuerdo por que a menudo mencionaba a un tal “Benjamin” al que ella llamaba, y llamaba, y no le atendía el teléfono. Tenía que ser otra señal, aunque no sabía sobre qué. Bueno, al fin llegué a casa y me hice un té, y no hay más nada que contar…
L—Quizás una señal de que tenes que atenderme cuando te llamo!
B—…
J—… ¿Y donde anda ese disco que compraste?
B—Te advierto que es muy alegre para nuestro gusto.
L—¡Cualquier cosa es alegre en comparación a lo que escuchan!
J—No importa, de vez en cuando hay que escuchar algo alegre, y si es con violines mejor.
B—¡Jajajaja! … (Y no dejo de acordarme de “el de la derecha”, y reírme por ello)

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4 comentarios:

  1. Que buena percepcion de la realidad, esto tranquilamente podria haber sido una conversacion real entre otras tres personas que yo conosco. Ademas, se que hay hechos verdaderos, no se si seran todos veridicos, pero aprovecho para relatarte algo. Hoy, viernes, el final de mi dia se parecio mucho a este relato que acabo de contar. Cuando sali del trabajo, me tome el colectivo 202 hasta puente saavedra, y de ahi fui leyendo el Zarathustra y pensando en varias cosas hasta Retiro, en tren. Me baje, no sin antes ayudar a bajar a una mina que estaba en silla de ruedas, cosa bastante molesta. Luego camine de un humor entre melancolico y feliz por plaza san martin hasta florida, y por florida, pensando otras cosas, entre los traseuntes y los musicos y espectaculos callejeros (los cuales abundaban casi hasta el ridiculo, jazz, rock, tango, milonga, lo que sea) llegue hasta corrientes. Cruze la 9 de julio y recorri 8 o 9 librerias buscando 2 libros: "El nombre de la Rosa" de Umberto Eco (conseguido, 45$), y la isagoge de Porfirio, no conseguido aun (mañana me espera caballito y sus ferias). Por cierto, en caballito encontre un puesto de espadas que vale mas que la pena, tienen espadas inglesas antiguas, de 1200 para arriba jaja. En fin, estuve en las dos librerias que vos mencionas, pues se exactamente cuales son jaja, y recorde mientras leia, cierto libro de frances, de tapa verde, antiguo y hermoso. ¿No tendras ese mismisimo libro, maese? Si es asi, hoy paso algo asombroso. Cuando entre a esa libreria, fui como noctambulo hacia ese rincon a la derecha, y claro esta me acorde de vos y del libro, que tenia, creo, un buho o algo similar en la tapa.. Sabes, siempre creo que esos libros son invisibles para el resto.. y cuando no lo vi en el lugar especifico tuve la fuerte sensacion de que solo se lo podrian haber llevado celeste, vos o yo.. asi que si lo tenes, bendita Sincronicidad jaja. Y respecto a Sabato, no pierdas la chance de leer Sobre Heroes.. es densa pero genial al fin. Por cierto, descubri una exelente libreria que compra colecciones enteras de usados y antiguos, profeticamente se llama "la cueva", y no queda sobre corrientes, sino escondida en una paralela, como fuera del alcanze de los profanos, jaja. Respecto de los culos, ¿es un dato veridico? ¡tranquilamente podria serlo! Una ortofania en vez de una ontofania, del griego, una "manifestacion del culo". Al salir de las librerias, me comi un paty, y me subi al subte B, en donde me encontre, parecidamente, a un chelista y a un contrabajista que hacian un jazz rock sinfonico sobre bases de temas conocidos, como "come together", ect. Me quede 10 minutos oyendo, luego me subi al subte en donde la unica mujer que me llamo la atencion en todo el dia fue una hermosisima colorada de un metro noventa y pelo muy largo y anaranjado, que estaba sentada con una indiferencia y fastidio tales que me hicieron acordar a cierto personaje femenino sobre el cual ando escribiendo. Me baje del subte en plaza italia y de ahi tome el 67 para llegar hasta donde estoy, despues de leer un par de notas y, naturalmente, el Zaratustra :P.
    Por cierto, ya esta el final del dialogo de ontologia de bar II, si interesa...
    ¡Saludos!

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  2. “Percepción”, vos lo dijiste, y es el concepto correcto. Esos lugares recorridos abundan en personas que jamás habrían de deparar en los detalles que sujetos como nosotros atendemos. Lo que podría ser un común recorrido por el centro es una oportunidad para apreciar breves distorsiones de lo mundano, es decir… Que sujetos como nosotros vemos el oro escondido entre la mierda, entre la cual la gente común chapotea indiferente.

    Estuve muy tentado de esperar a que el comienzo del texto se haga real, pero prefería publicar sin más… Lo de los culos también es real, jajaja! (No es que la ortofanía me suceda siempre, no es que deambulo sin rumbo por el centro siempre…)

    En cuanto pueda me leo la continuación del dialogo, no me la pierdo!
    Saludos maese!

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    1. jajaja lo peor es que estas determinando el futuro ya, por que ahora voy a buscar indefectiblemente ese libro en el estante...

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  3. Me recordaste de los tiempos cuando yo también me paseaba por el centro de mi ciudad y me metía en todas las librerías, ahora ya no se puede pasear por el centro y tampoco hay librerías ya :(

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