Un repartidor de comida agarra un pedido de última hora a una encrucijada de callejones del barrio Velez Sarfield, específicamente Triestes y Juan A Boeri. Más bien por la zona, pero llega a esa encrucijada por perderse. Tras entregar el pedido alguien le dice que menos mal que todavía no es las 3am, por que a esa hora el callejón Triestes que no tiene salida, se abre a otro barrio liminar de donde nadie vuelve. A la vez, todos los vecinos saben que gente vive en esos callejones pero nunca nadie los ve. Nadie se atreve a pasar por esa zona luego de la media noche. Algo instintivo lleva las piernas en otra dirección y hace olvidar toda certeza experimentada allí.
Me había acercado a mis compañeros en el área de la plaza Flores donde usualmente esperábamos a tomar nuevos pedidos, también aprovechábamos a comer un pancho o algo e intercambiar anécdotas. El colectivero que se arrimó vengativamente sobre uno, el que fue citado en la plaza de los Periodistas y estaban consumiendo falopa, el que ya no quería el pedido por que su novia lo acababa de dejar pero lo invitó a pasar a tomar una cerveza y él jura que no pasó y lo cargamos todo un mes con ello. En un momento me interrumpieron a la mitad de la ingesta de mi segundo super pancho con papitas pay.
—¡Dale boludo, contate algo, vos siempre con la salchicha en la boca!
—Claro, re goloso el chabón. Al menos no lo invitaron a tomar una cerveza para ahogar las penas...
—¡Callate! Te dije que no entré a tomar la birra.
—No dije que hubieses entrado. ¿Era rubia o negra?
—No soy tan gil para caer en esa. Y vos rescatate, dejá la salchicha y contate una anécdota.
—Bueno, para que me tomo algo que me quedó la salchicha atragantada. No se rían pelotudos, a todos nos ha pasado, especialmente a él— Todos rieron, y luego empecé a contar una anécdota.
Esto me pasó el mes pasado, era fines de septiembre y tomé un pedido como a las once menos cuarto de la noche, en poco cerraba el restaurante. Nadie agarraba el pedido por que era en la loma del orto, allá pasando Floresta. ¿Saben cual es la diferencia entre Flores y Floresta? Bueno, creo que era el barrio Veles Sarfield, aunque nadie se reconoce de ese barrio. El pedido era en un callejón cortito paralelo a Segurola. En medio del viaje me agarró la barrera baja del Sarmiento, uno de ida y uno de vuelta. Estuve a punto de mandarme pero una guarda me pegó un pitazo. Bueno, al final safé de ahí y fue a los pedos para esa calle al lado de Segurola.
La cosa es que no recuerdo qué pasó, si me mandaron un mensaje o qué, pero agarré un par de calles equivocadas y me metí en un pasaje raro, de esos muy angoste que deberían ser peatonales. Parecía una calle de villa en lugar de un barrio de casas de la ciudad. Estaba vacío, ahí pensé que me la iban a poner o algo, quiero decir que me iban a afanar, yo los conozco a ustedes pelotudos... Seguí por el callejón para ver el nombre y me encontré en una encrucijada con otro callejón. A ambos lados de cada uno calles vacías, poca iluminación, ahí me di cuenta de que tampoco escuchaba nada. Se supone que tenía la Juan B Justo cerca pero nada, todo silencioso. Un silencio de muerte pensé y se me pararon todos los pelitos de los brazos. En la esquina una puerta justo en el ángulo, la fachada era la de viejo almacén o fonda cerrado hace muchos años. Doblé la esquina en el otro callejón, no sé por qué sentí que tenía que alejarme de donde estaba, y a mi sorpresa el callejón no tenía salida. A ambos lados las beredas eran muy angostas y varias casas tenían macetas junto a las puertas. Ese callejón no parecía ser usado por vehículo alguno, de hecho ambos callejones lo parecían, como dije más bien eran como peatonales.
¿Vieron cuando se levantan a mear a la noche y no prenden las luces, avanzan por el pasillo de su casa rumbo al baño y aunque es tu casa de toda la vida te sentís en un lugar ajeno y tenés la certeza de que atrás tuyo hay alguien o algo? Entonces no podes darte vuelta por que sabes que si te das vuelta algo horrible te va a devorar, también sabes que es tu casa y no hay nadie, a lo mejor sí hay pero es el gato. Pero no te podes arriesgar, algo se apodera de tu cuerpo y no podés darte vuelta, y avanzas como fingiendo que no te diste cuenta de que atrás hay algo, no querés llamar la atención. Y vas al baño, y meas, y la sensación sigue ahí hasta que volvés a tu cuarto. Bueno, admito que eso me pasaba nomás cuando era chiquito. Los guachines son medio cagones con esas cosas, luego uno vive cosas reales en la calle y lo que menos teme es a un monstruo en el pasillo rumbo al baño... Cuestión que ahí estaba en ese callejoncito sin salida, miraba la pared oscura del fondo y volvía a tener esa sensación de cuando yo era guachín y me levantaba a mear.
Estuve unos minutos quieto y de pronto me dije a mi mismo que no podía ser tan cagón, así que me di vuelta y entonces. Bueno, no vi un carajo, pero mi corazón estaba a mil. Salí a los pedos por uno de los callejones alejándome de esa encrucijada maldita, terminé en una calle y a una cuadra puede ver que era Cesar Días, entonces me pude ubicar, fui hasta la avenida Segurola y de ahí encontré la calle esa en donde tenía que llevar el pedido.
El que me atendió fue amable pero tenía cara de culo. En una de esas me tira...
—Te vi en el GPS de la aplicación, estuviste parado un buen rato en los callejones esos.
—Ah sí, medio que me perdí por estos lugares, no soy de venir por acá, ni me acuerdo el nombre de los callejones.
—Triestes y Juan A Boeri. El cruce maldito.
—¿El qué? ¡Jaja! Sí, medio turbios esos callejones, no parecen ser de este barrio.
—No lo son.
—¿Como que no?
—No deberían existir esos callejones. Cuando yo era chiquito un vecino del barrio, que era un viejo timbero, me contó que él no conocía los callejones. No existían, y de un día al otro estaban y nadie recordaba qué había pasado. Que todos recordaban que siempre estuvieron ahí pero no recordaban haber estado. Los pibes sospechábamos que nos quería asustar así que íbamos a los callejones de camino a la canchita que está por acá. Nunca había nadie, en ningún horario, parecía un lugar falso. Luego el viejo nos dijo que como a las tres de la mañana el callejón sin salida se abría y conducía a otro barrio paralelo, como un espejo o algo así, y que si te metías ahí no volvías jamás. En fin, boludeces de pendejos. Por las dudas che, no vayas por ahí luego de la media noche, uno nunca sabe. Bueno, se me enfría la comida, tomá la propina que no confío en dártela por medio de la aplicación.
El sujeto se metió en la casa rápido. Yo me quedé con la idea en la cabeza y me acerqué a uno de los callejones sin entrar, miré para el fondo y seguía vacío. Me recordó a esas creepypastas de los ascensores que te llevan a otra dimensión y a esas habitaciones vacías que parecen que hay algo en algún lugar.
—Cada tanto tengo ganas de darme una vuelta con tiempo y la cabeza fresca a ver qué onda los callejonres, pero una cosa lleva a la otra, entre los vieajes y que me cansó, nuca voy para allá. ¡A lo mejor alguno de ustedes quiere acompañarme alguna noche, capás encontramos el callejoncito ese abierto a otra dimensión, jaja!
—Re oscuro eso que contás, te lo estás re inventando, no existe un lugar así por la zona.
—Yo vivo a unas cuadras de donde decís y no recuerdo los callejones que decís, ahora me queda la duda. ¿Como puede ser que un par de callejones tan raros hayan estado tanto tiempo ahí y no me haya dado cuenta?
—No sé, parece una creepypasta en serio, la sacaste de un foro de internet seguro. Eso a menos que algo en ese lugar haga que la gente se olvide que estuvo ahí... Che ¿Y si a lo mejor sí pasaste al otro lado y ahora estás en otra dimensión?
—¡Exacto, "muajaja"!
—No, no pasé a ningún lado, capás es nomás a las tres de la mañana. ¿Qué dicen, nos pegamos una vuelta en un rato? Yo ya no voy a agarrar más viajes por hoy.
—Tras mano.
—Yo voy a seguir un rato.
—Para mí que nos queres culear en el callejón, no voy ni en pedo.
—Son unos cagones.
—¿Y por qué no vas solo si sos tan valiente? ¿Te da cagaso de volver a sentirte como cuando eras chiquito?
—Y, capás que sí, capas hay lugares en esta ciudad que están en el borde de lo normal, capás simplemente estamos distraídos y no nos damos cuenta de los misterios que nos rodean.
—¡Fua, te pusiste espiritual! Terminate el pancho boludo.
Me reí, nos reímos. Mañana capás me doy una vuelta durante el día, ahora ya estoy cansado, no es que tenga miedo, bueno, a lo mejor un poco.
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