En un gran banquete muchos personajes se encuentran, interactuan y entre dardos-palabras y guiños-besos, se dedican a comer y beber.
En algún lugar, desde algún balcón, una figura de vieja o viejo cuyo género es indistinto, juega con un plato de sopa que parece agua sucia, está junto a una calavera también vieja, y ambos ríen. La figura de vieja ríe, y la calavera parece que es lo único que hace.
En el banquete una señora es gorda y no para de comer y galantear, y un señor está muy maquillado y su rostro es amorfo por las muecas resultado de ocultar y ocultar lo que quiere expresar.
En el jardín, una niña y un niño, ambos desnudos, juegan alrededor de una fuente. No se deciden si se meten o no se meten, y corretean descalzos por el pasto.
La gran sala de mármol blanco y negro, rodeada de columnas y balcones, solo se ilumina entorno a los comensales. Una dama vestida de paño negro, algo traslúcido si se lo mira bien, única prenda si se la mira bien, y sus cabellos rojos sangre amagando cubrir lo que el paño amaga descubrir. Un par de gemelos mal maquillados, comiendo y bebiendo como espejos.
La figura anciana sigue riendo y jugando con su sopa, la calavera le hace compañía. Los niños del jardín se atreven, meten sus piecitos en el agua fría, entre nenufares y el agua oscura, y pronto empiezan a salpicarse.
Carnes y verduras, y dulces y alcohol, recorren la gran mesa y sirvientes con máscaras cambian fuentes vacías por llenas. Un señor elegante, aun con sus guantes blancos, roba cerezas de una torta. Finge que no es visto pero sabe que es visto, y un señor algo más joven y no tan elegante le sonríe y le llena la copa de vino.
El jardín está oscuro, y la mayoría de la luz viene de un ventanal desde adentro, y de unas antorchas de una terraza. Entre las ligustrinas la oscuridad oculta sombras mágicas que danzan y sonríen al ver a los niños.
Hay una figura, en la gran mesa, un anfitrión. Su túnica púrpura y dorada y su rostro sombrío bajo una capucha. Sus dientes de marfil tintinean y alza una copa de oro que ofrece orgulloso a su concurrencia. Muchas siluetas, se levantan, ofrecen sus copas, aplauden, ríen jocosas.
La figura de la anciana queda en silencio, segundos, para estallar en risa luego. Mira a la calavera que parece comprender y cómplice le regala una enorme sonrisa con casi todos los dientes.
Todos brindan. Los comensales en sus ropajes ficticios, la anciana con su cuchara y su calavera, los niños flotando en la fuente y contemplando la eternidad del cielo de noche.
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“Recuerden que un blog es como una amorfa masa biomecanoide llena de cilicios y falanges qué alegremente se alimenta de vuestros comentarios!”
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Mostrando entradas con la etiqueta mascara. Mostrar todas las entradas
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2018-01-10
2016-01-26
Mascara en el espacio y tiempo
Lentamente me fui deslizando, parecería algo normal pero no me lo parece a mi. Primero sin entender el por qué. ¿Por qué la gente procrea? Hoy veo a todos los que alguna vez conocí y todos tienen hijos, hijas, pequeños seres a los que exhiben orgullosos. ¿Por qué la gente estudia? Conozco tanto nombres con epítetos, como sentencias que definen y vuelven a los hombres más que hombres. ¿Por qué la gente sigue haciendo todo esto, por qué? Veo a todos iguales, moviendose de aquí para allá, subiendo y bajando, entrando y saliendo. ¿Y para qué? ¿Cual es el fin de cada uno? Progresar en un empleo, recorrer el mundo, conocer a otros, aprender cosas... Entonces, me fui deslizando...
Algo soy y algo hago. No sé si soy por que hago o si hago por que soy. Incluso me pregunto... ¿Por qué estoy escribiendo? Lentamente me deslizo. Soy uno más pero a la vez, me diferencio por que me cuestiono todo esto. ¿Cual es el sentido? ¿Lo hay acaso? Soy el que mira detrás de la máscara...
Alguien dijo que el lenguaje es el deseo de entender. ¿Y a quien? ¿Entender si los fenómenos se han percatado de que se deslizan? ¿Entender que es uno al contrastarse con los otros, definirnos? Dejar de necesitar el entender, volver a un estado de no curiosidad, sacarse la máscara, dejar de deslizarse. ¿Es eso posible sin morir? Detener el tiempo, que es detener el movimiento, y estar en todas partes, comprenderlo todo o no necesitar comprender nada. Esta vida es un desliz, y a la vez una trampa, por que evitamos resolver el problema. Creamos soluciones que pueden ser entendidas, nos desliamos.
Es entonces imposible evitarlo. Es imposible comprender y dejar de deslizarse. La máscara es una prisión y un medio a la vez. Sigo deslizándome...
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Algo soy y algo hago. No sé si soy por que hago o si hago por que soy. Incluso me pregunto... ¿Por qué estoy escribiendo? Lentamente me deslizo. Soy uno más pero a la vez, me diferencio por que me cuestiono todo esto. ¿Cual es el sentido? ¿Lo hay acaso? Soy el que mira detrás de la máscara...
Alguien dijo que el lenguaje es el deseo de entender. ¿Y a quien? ¿Entender si los fenómenos se han percatado de que se deslizan? ¿Entender que es uno al contrastarse con los otros, definirnos? Dejar de necesitar el entender, volver a un estado de no curiosidad, sacarse la máscara, dejar de deslizarse. ¿Es eso posible sin morir? Detener el tiempo, que es detener el movimiento, y estar en todas partes, comprenderlo todo o no necesitar comprender nada. Esta vida es un desliz, y a la vez una trampa, por que evitamos resolver el problema. Creamos soluciones que pueden ser entendidas, nos desliamos.
Es entonces imposible evitarlo. Es imposible comprender y dejar de deslizarse. La máscara es una prisión y un medio a la vez. Sigo deslizándome...
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2015-11-27
mascaras de salon
La nieve reposaba en el anden y una locomotora se mantenía caliente. Los vagones se extendían todos de negro metal.
Lentamente las personas se amontonaban, se despedían y subían a la formación. Algunos obreros subían cargamento. El vapor se desprendía de la chimenea de la máquina y se elevaba sobre la noche.
Una femenina silueta no se despidió de nadie y subió una escalera metálica, entró en un vagón, se adentró entre camarotes y dentro de uno de ello se sentó en un mullido asiento. Contempló a quienes se despedían en el anden y a quienes cargaban equipaje, contempló los cientos de pisadas que en la nieve formaban un caos.
El frío de afuera y el templado ambiente de adentro empañaba los vidrios, ella dibujó con su dedo en el vidrio. Ojos, y un contorno, la silueta de una máscara.
En un salón elegante y colmado de sofisticados atuendos ella se movía, a través de las personas y del recuerdo desde el camarote de un tren que en cualquier momento partiría. Un baile de máscaras, todas decoradas, de variadas formas y con piedras y plumas y diversos colores. Solo máscaras y atuendos sofisticados.
El tren dio un golpe, y otro, y otro, y el silbato sonó, y el andén se fue corriendo detrás del vidrio empañado.
Por las voces ella se daba cuenta, en aquel salón lleno de máscaras, quienes eran muchas de esas personas. Muchas otras no, pero aun así las voces algo decían además de las palabras. Y las palabras también decían mucho más que solo su etimología. Los cuerpos mostraban diferentes formas de interpretar la elegancia, algunos de forma forzada. La elegancia nunca puede ser forzada, eso se nota y desentona... Otros cuerpos, con gracia, se entregaban a la música.
Una voz conocida por detrás, una en particular, se corrió de un lado a otro mientras se acercaba al oído. Mientras que tras las máscaras los ojos se colaban para ver lo que rodeaba, para intentar pescar confidencias entre los intentos de ocultar los rostros, muchos cuerpos, con sus atuendos y desplazamientos y voces, eran bien reconocidos.
Los que no hablaban en voz alta se mostraban borrosos, entre los atuendos similares y las máscaras diferentes, y el entretenimiento de la música. Las palabras detrás de ella dieron un mensaje, que se encontrarían en un lugar bajo las estrellas en el laberinto.
Mientras, los recuerdos fluían como fluían los árboles lejanos del paisaje, lentamente y sin detenerse. El tren se mecía ligeramente, el camarote ya estaba tibio y los dibujos del vidrio necesitaban ser reforzados.
El laberinto es un juego y una realidad, es un pedazo de jardín, un montón de paredes de ligustrina. Encerraba misterio, penumbra, el aroma de jazmines y la picardía de algunos amantes.
Ella se movía entre los cuerpos, esquivaba las máscaras, sus sentidos se esforzaban por reconocer quien tenía la más mínima intención hacia su persona. Ella evitaba esas intenciones, no permitía que nada la retuviese, fingía que danzaba y quizás eso llamaba mucho más la atención juraría luego que algunos ojos la siguieron. Y junto a la ventana abierta del salón, en el balcón, el aroma de los jazmines y el jardín, y detrás el laberinto. Un muro verde, vivo y misterioso. Un conglomerado lleno de tentador peligro.
Lentamente caminaba por el jardín con luces tenues y el lejano rumor de una pareja fingiendo normalidad. Desde el balcón parecía que nadie miraba, que nadie se asomaba, las mejores piezas musicales sonaban en ese momento. Tras mirar detrás y no ver a nadie se adentró en el laberinto.
Caminó mientras el corazón ardía, giró varias veces en diferentes direcciones y en algunos momentos creyó escuchar risas femeninas o masculinas tras las ligustrinas, moviéndose con agilidad, como buscándose, jugando el juego, pero probablemente conociendo mejor ese laberinto...
El camarote del vagón tenía cortinas oscuras, la puerta de acceso tenía una ventana y su cortina la tapaba. Era privado, la rodeaba la soledad y a la vez la puerta podía ser abierta desde afuera. No valía trabarla y arruinar los recuerdos. Los ojos se perdían entre los árboles que se perdían al avanzar el tren.
En el laberinto, en cierta ocasión las rizas femenina y masculinas sonaron muy cerca, se habían encontrado. Entre el aroma de jazmines ella avanzaba y una voz conocida pasó junto a ella. Ambas siluetas seguían portando sus máscaras, su cuerpos se acercaron y se probaron. Los atuendos se corrieron, se abrieron, se desataron. Se degustaron mientras el aroma los abrazaba. Algunos sonidos hicieron, las rizas no se oían, una mágica confidencia entre jugadores. ¿Cuantos abrían en ese momento jugando lo mismo en diferentes recovecos del laberinto?
Había pasado el tiempo, el laberinto estaba lejos, el clima era otro y no habían jazmines. La mujer en el tren junto a la ventana sonreía. Tenía un bolso con una máscara y un perfume floral y recordaba la voz y la textura y el sabor del portador de la máscara. Creía que una máscara ocultaba otra máscara, y que la verdad emergía del anonimato, y que peligro misterioso alimentaba la vida. Y que todo era un juego.
..
2015-11-25
mascara de un cazador
El papel decía varias cosas, y entre ellas la palabra "figurativo". Entendí más o menos un presagio, me sentí dentro de un guión y lo apreté con toda la fuerza de mi mano deseando borrar de mi mente la idea del destino. El papel cayó al piso y avancé por la noche con cadencia en mis pasos.
¿Si fuese un simulacro sería bueno o malo? Yo sería un esclavo, pero sería inocente de los deseos hórridos de mi ser. ¿Qué es peor, una conciencia oscura que me perturba y solo se aplaca cuando sacio mis fauces animales o un narrador morboso sentado frente a un teclado? Bueno, no sé qué prefiero, si ser una persona o un personaje... De un modo u otro soy algo que avanza por la noche con cadencia en busca de un cuerpo cálido.
Me acerco por detrás como un espectro, puedo sentir el miedo. El instinto de una presa, de alguien que la naturaleza ya marcó como oveja, enciende un sexto sentido cuando se está siendo acechado. Esa sensación de sentir ser observado tras la cortina de la oscuridad... Ahí estoy, tras la cortina, obrando un misterio incomprensible para un mortal ordinario. Me acerco con la frialdad de un cazador y clavo mis garras y colmillos y me alimento de la vida.
¿Bajo qué circunstancias podría preocuparme? Si soy un esclavo de un narrador, no soy nada, soy un títere, soy una grabación que puede repetirse. Si soy dueño de mi mismo... ¿Puedo escapar a lo que llamo naturaleza? ¿Puedo dejar de querer acechar, de matar y de comer?
No hay placer, es solo instinto, inercia. ¿Esto es la voluntad de una entidad metafísica? ¿Querría una entidad metafísica que pensara esto mismo? Sería un juego bastante cruel hacerme saber, como obra de mi propia deducción, que soy un esclavo. ¡O quizás te descubrí, oh mediocre escritor amateur! ¿Puedo jactarme de romper la cuarta pared o esto también es un simulacro? ¿Había necesidad de convertirme en un vampiro? Tonto capricho, solo un amateur podría haber tenido tal ocurrencia...
Con pasos lentos entre la neblina en un parque oscuro avanza, alguna presa siempre se pierde entre los caminos y un error oportuno lo hunde en la cueva de un araña maldita. La bestia encarnada acecha con ojos inhumanos y se acerca con cadencia... Es solo un esclavo, su amo es una voluntad subliminal, algo que es más antiguo que la propia naturaleza, algo que está más allá del tiempo. Ese ser es víctima también, no puede liberarse jamás de su destino de cazar, es consciente de que su voluntad es un simulacro. Esa es su condena, saber que no tiene verdadera voluntad.
Es la maldición que se me ha impuesto por haber descubierto que el narrador es un mal escritor...
...
mascaras
Una sonrisa se alarga por la blanca cara y parece como una máscara grotesca. Lo grotesco es lo artificial, no es una sonrisa que fue inspirada por gracia alguna, es una respuesta sarcástica hacía alguna complicidad entre la conciencia y una combinación de elementos del entorno. Los ojos son una máscara también, están quietos y mirando algo que no existe en este mundo, podría creer que la pupila es un agujero y tras ella está el verdadero ojo mirando algo que no puedo adivinar.
¿Alguna vez se sintieron así, como detrás de una máscara?
Las piernas se mueven en piloto automático, o bien hay unos hilos que se elevan desde las rodillas hasta alguna nube misteriosa, o algo oscuro por detrás provoca los movimientos. No es algo propio, es algo artificial. La máscara es una idea de algo que no solo está en el rostro, está en todo el cuerpo, está en las palabras que se escuchan como una grabación que repite palabras que ya se han dicho.
Lo que se ve y se escucha no es nada nuevo, lo nuevo es un juego, un acuerdo, un simulacro. Un constante simulacro. Una danza de máscaras...
-Hola, estás solo?
-Hola, el clima está muy loco!
-Hola, soy Germán.
-Hola, soy Marina.
-Hola, soy de Géminis.
-Hola, donde estamos?
-Hola.
-Hola.
-Hola...
¿Escupiste alguna vez a un desconocido sin razón aparente? ¿Saltaste al vacío, por el balcón o la ventana, para ver como se siente el viento? ¿Rompiste esa vidriera? ¿Saltaste sobre la mesa de junto en el restaurante elegante? ¿Le comiste la boca a la novia del muchacho rudo en el parque?
¿Sentiste el profundo deseo de romper la máscara que llevas puesta? Es eso nomás, no es violencia en realidad, es el deseo de romper la máscara...
¿Entonces donde empieza la máscara? ¿Cual es la máscara? "Persona" es "máscara", una máscara absoluta, completa, un aura que te envuelve y viste. ¿Como la rompes?
Alguna vez pensé que estaba quebrando esa realidad...
En cierto momento se detiene todo, se puede contemplar como detrás de un vidrio el todo y saberse diferente, espectador, y mirar las propias manos como ajenas. En algún momento.
...He creído que me abría entre esa cobertura llamada persona y al final me di cuenta que era un simulacro, que la persona no se quiebra, que siempre está entre el universo y ese "algo" misterioso y desconocido que supuestamente uno es...
Pero, entonces, si no se puede romper la máscara, puede ser que uno mismo sea la máscara. ¿De donde viene la voluntad, la identidad, el ser? Eso sí que es terrorífico!
Somos máscaras...
¡Somos máscaras!
¿Ahora qué puedo pretender romper, o transgredir, o provocar, o seducir?
..
¿Alguna vez se sintieron así, como detrás de una máscara?
Las piernas se mueven en piloto automático, o bien hay unos hilos que se elevan desde las rodillas hasta alguna nube misteriosa, o algo oscuro por detrás provoca los movimientos. No es algo propio, es algo artificial. La máscara es una idea de algo que no solo está en el rostro, está en todo el cuerpo, está en las palabras que se escuchan como una grabación que repite palabras que ya se han dicho.
Lo que se ve y se escucha no es nada nuevo, lo nuevo es un juego, un acuerdo, un simulacro. Un constante simulacro. Una danza de máscaras...
-Hola, estás solo?
-Hola, el clima está muy loco!
-Hola, soy Germán.
-Hola, soy Marina.
-Hola, soy de Géminis.
-Hola, donde estamos?
-Hola.
-Hola.
-Hola...
¿Escupiste alguna vez a un desconocido sin razón aparente? ¿Saltaste al vacío, por el balcón o la ventana, para ver como se siente el viento? ¿Rompiste esa vidriera? ¿Saltaste sobre la mesa de junto en el restaurante elegante? ¿Le comiste la boca a la novia del muchacho rudo en el parque?
¿Sentiste el profundo deseo de romper la máscara que llevas puesta? Es eso nomás, no es violencia en realidad, es el deseo de romper la máscara...
¿Entonces donde empieza la máscara? ¿Cual es la máscara? "Persona" es "máscara", una máscara absoluta, completa, un aura que te envuelve y viste. ¿Como la rompes?
Alguna vez pensé que estaba quebrando esa realidad...
En cierto momento se detiene todo, se puede contemplar como detrás de un vidrio el todo y saberse diferente, espectador, y mirar las propias manos como ajenas. En algún momento.
...He creído que me abría entre esa cobertura llamada persona y al final me di cuenta que era un simulacro, que la persona no se quiebra, que siempre está entre el universo y ese "algo" misterioso y desconocido que supuestamente uno es...
Pero, entonces, si no se puede romper la máscara, puede ser que uno mismo sea la máscara. ¿De donde viene la voluntad, la identidad, el ser? Eso sí que es terrorífico!
Somos máscaras...
¡Somos máscaras!
¿Ahora qué puedo pretender romper, o transgredir, o provocar, o seducir?
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