“Recuerden que un blog es como una amorfa masa biomecanoide llena de cilicios y falanges qué alegremente se alimenta de vuestros comentarios!”

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2018-07-08

persecucion y convocatoria

Un pequeño grupo de personas con actitud hostil y cabezas tapadas avanza lentamente acercándose a otro pequeño grupo de personas, todas diferentes, vestidas de cualquier manera libre. El segundo grupo se reúne, por que estaban dispersos, y empiezan a caminar alejándose del primer grupo. El primer grupo los sigue, siempre a paso normal. En un momento el grupo perseguido empieza a golpear puertas, y se cierran ventanas, y negocios, pero algunas personas salen y empiezan a marchar con ellos también golpeando puertas. En otro momento empiezan a aplaudir, piden con cantos que todos se les unan, y se siguen cerrando ventanas, y negocios, y otros se les unen. Luego de un rato el grupo perseguido, pesa a quienes le son indiferentes, ya ha sumado una buena cantidad de personas y supera considerablemente la cantidad del grupo de encapuchados. Ambos grupos siguen avanzando, siempre a paso normal, hasta llegar a la plaza principal del pueblo. En la plaza el grupo de encapuchados intenta acorralar a los perseguidos, pero estos ahora son una enorme mayoría. Empiezan a cantar, les exigen que se vayan, y como los encapuchados no se van son rodeados y por la fuerza les quitan las capuchas. Entonces, el grupo de los encapuchados se les unen y cantan todos juntos, revelando que era todo un simulacro. Y este simulacro lo repiten todos los años, y cada año se suma más gente.

Esta tradición de mi pueblo empezó hace mucho tiempo. Alguna vez que las bandas fascistas recorrían las calles para hacer escarmentar a quienes eran diferentes. A los zurdos, a los gays, a las lesbianas, a las feministas, a los negros, y los paganos, a los libres de pensamiento. No nos ponemos de acuerdo en como fue exactamente que todo cambió. Algunos dicen que la indiferencia de la gente fue vencida cuando la mayoría se dio cuenta de que su "normalidad" no era más que una "normal individualidad única". Otros dicen que la gente simplemente se cansó del fascismo e intolerancia. Si bien no hay fotos por que no habían cámaras, todos los relatos orales concuerdan en lo mismo. En una confrontación entre una concentración de fascistas y una concentración de diversidades, mientras que la hostilidad y número de los fascistas los obligaba a replegarse, de las casas iban saliendo personas que se sumaban a resistir contra los fascistas, mientras muchos cerraban sus ventanas y negocios, otros salían para unirse, y se sumaba gente por las calles y los cruces. Lo que había iniciado como un repliegue se había convertido en una convocatoria. Esos dos grupos iban sumando gente del pueblo y al llegar a la plaza principal el grupo que confrontaba a los fascistas era tan grande en número que éstos tuvieron que replegarse y huir.
Con el paso de los años las pandillas fascistas se redujeron en número, y también fueron perseguidos no tan amistosamente cuando los identificaban. Y es el día de hoy que la gran mayoría de los fascistas se han ido del pueblo.

Si bien ya no quedan bandas fascistas que arremetan en hostigamientos, ahora se recuerda año tras año esa leyenda con un simulacro. Los ahora fascistas enmascarados son parte de los disidentes, simulando, y mientras recorren caminando las calles del pueblo, también van convocando a todos a unirse a la resistencia y a la memoria contra el fascismo. Y mientras más se acercan a la plaza principal, se unen otros grupos, empiezan a haber puestos de ferias, banderas políticas, familias aplaudiendo. El simulacro ya es una tradición y se ha vuelto turístico incluso, personas de todo el país, y del todo el mundo, vienen a sacar fotos o a unirse a la marcha contra el fascismo. Y siempre al terminar la celebración se encuentran muchas máscaras pisoteadas en las calles del pueblo. Más máscaras que las de aquellos que participaron del simulacro. No es posible que hayan más fascistas por ahí perdiendo sus máscaras, parece ser que mucha personas llevan máscaras para tirarlas deliveradamente en el piso y pisotearlas. Asumimos que la mayoría de esas máscaras son fabricadas especialmente para ello, pero puede ser que algunas de ellas, de algún modo, hayan sido arrancadas de la cabeza de alguien.
Esta es la tradición de mi pueblo, y de la que estoy orgulloso. Hoy me toca a mi portar una máscara y perseguir a las personas libres hasta la plaza, y luego de esa experiencia incómoda me uniré a la fiesta. ¡Y en nuestro pueblo jamás volveremos a tolerar a los intolerantes!

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2018-06-29

señoras y señores aseñorados

Señoras y señores aseñorados,
charlan y degustan en torno a un mantel.
¿Como será la mesa? ¿De madera, vidrio o metal?
No podemos saber!
Salpicado todo de pétalos,
en las tazas, cucharitas, en el mantel y en los vestidos.
Toman té, o quizás café.
Mazas y macitas, dulces, húmedas y esponjosas.
¡Qué sabrosas! En bandejas y en platitos.
Risitas y lagrimas y miradas soberbias.
Cuentan anécdotas siempre triunfales.
Y en las críticas cómplices se encuentran cordiales.
Cuentan de amores románticos, de buenas costumbres,
de celestes y rosas colores pastel.
De bellos geométricos jardines ingleses.
Experimentadas señoras y señores aseñorados,
y también algunas jóvenes señoritas,
y también algunos jóvenes señoritos aseñorados.
Tradición de pétalos, manteles y aseñoramientos.
Cada quien en torno al mantel con su gracia,
las señoras y los señores aseñorados.
Y se felicitan entre ellos, sensibles y humanos.
Se retiran contentos después del encuentro.
"Que se repita pronto", augurando el suceso.
Se retiran todos a la vez, cada quien a su ruta.
¡Hasta pronto señoras y señores aseñorados!
Nos veremos pronto en torno a un mantel.

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2018-06-13

otro cuento de hadas

Si bien ella podía tocar muchos instrumentos en cualquier momento y forma, tenía una manía cuando quería hacerlo en serio. Se detenía, se descalzaba, se sacaba cualquier prenda o accesorio incómodo, y se disponía a interpretar con el instrumento.
En una ocasión, estábamos de turistas en un país vecino, nos cruzamos con un festival social y político en la puerta de una escuela de música. En ese momento no había mucho movimiento, pero habían muchos instrumentos. Ella se acercó a un piano, el típico cajón vertical de escuela con la madera baqueteada por los años, tocó algunas teclas melodiosamente y llamó la atención de una muchacha, le habrá preguntado si sabía tocar. No conocíamos bien el idioma del país en el que estábamos, eramos turistas. Con un ademán la invitó a sentarse, mi amiga le mostró una infantil sonrisa y miró el piano mientras se alejaba. Pensó qué iba a tocar, pero las personas que la rodeaban habrán pensado que tenía vergüenza, yo ya había visto esa escena y ya conocía sus pensamientos. Se sacó las zapatillas y puso las medias dentro, dio un par de vueltas como un perro antes de decidir acostarse, en realidad estaba sintiendo el suelo en la planta de sus pies, alguna energía numinosa y pagana recorrió la jungla de cemento desde parajes salvajes lejanos y llegó a tocarla rápidamente. Su postura cambió, como poseída por algo ancestral, caminó decidida tirando su saco sobre el piano y se sentó, empezó a tocar...
Estuvo casi media hora tocando, estudiantes y docentes la rodeaban, aplaudían, tarareaban algo, golpeaban con el pie. Pensé y sigo pensando que la música es el lenguaje universal. La música es una amalgama de alegorías disfrazadas de abstractas. No se necesitan ni palabras ni formas para entender la tristeza o la alegría. Creo que todos los que escuchan y todos los que interpretan deben estar sintiendo más o menos lo mismo, eso es algo que hermana los cuerpos. Cada uno con sus recuerdos y advocaciones, pero sensaciones similares. Luego no es necesario más palabras, luego miradas y gestos, la melodía recorre los cuerpos aun con el silencio y una parte de cada uno se traslada a los demás.

Ella siempre viajaba con algunos colores encima, y hablo de los colores que se trasladan a un lienzo o un papel y no de los que se visten, pero también vestía muchos colores. Era un cuadro viviente que buscaba integrarse en una pintura en cualquier lado, o hacer de cualquier lado una pintura. Así que sacó de uno de sus bolsos una caja de madera amarrada con unos piolines, tenía varias de ellas y de varios tamaños. Cajas de madera baqueteadas por el tiempo, y en la que había llevado a ese viaje tenía acuarelas, se detuvo y pensó en donde poner el agua, lo que siempre olvidaba eran los tachitos y latas que abundaban en el atelier-galpón-casa donde habitaba. Así que agarró un vaso y un cenicero y trajo agua del baño. Yo fingía que leía en mi cama, veía sus movimientos que coincidían mágicamente con la melodía que escuchaba por los auriculares. Sabía, por que ya la conocía, que necesitaba sus momentos de aislamiento. Que las multitudes en algún momento la colmaban y los ruidos le terminaban pesando y necesitaba parar el mundo, rodearse de silencio y quietud y dominar el tiempo.
En la habitación había una mesita ratona y ahí puso el papel y las acuarelas y el agua. Cuando tenía esos arranques no esperaba demasiado, ni se tomaba el tiempo de hacer bocetos con el lápiz. Metía los colores directamente. Parecía una nena jugando, y aunque a veces paraba y miraba algo más allá de las paredes, de nuevo retomaba con fuerza a colorear. Y en algún momento terminaba, o más bien daba por terminada la obra. La hacía a un lado y se ponía a hacer algo nuevo. Me había dado cuenta de que se ponía a pintar rápidamente, y terminaba rápidamente, por que ya sabía que pintar, por que "había visto algo" en una de esas pausas. Claro, yo la veía como una niña jugando con su propia música desde la mía, y al otro día u horas más tarde me ponía a ojear sus pinturas y eran preciosas! Tenían precisión y coherencia, no usaba lápiz por que no lo necesitaba. Cada lámina era toda una obra trascendental en la que se amalgamaban arquetipos y alegorías. He llegado a confirar mi sospecha, que todos los que ven sus pinturas sienten cosas parecidas, sus colores tienen un lenguaje universal, provienen de un inconsciente colectivo.

Desde los ojos de algunas personas, desde los bancos y entre los árboles de algún parque, las dos mujeres salían del hotel donde se hospedaban. Caminaban con alegría y en sintonia, eran dos niñas y dos ancianas al mismo tiempo y eran poesía. Participaban de una universalidad a la que se entregaban y contagiaban a su alrededor. Estaban en su tierra aunque su tierra esté tan lejos, hablaban el lenguaje del mundo y las melodías y colores bailaban entre ellas.

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2018-06-12

importa la fe verdadera

#microrelato

—¿No le parece insensato andar en este pueblo y a estas horas sin un crucifijo?— le dijo el joven vampiro al dueño de la tienda de porno.
—¿Por qué habría de necesitarlo? Digame...
—Pues, dicen que espantan a los vampiros.
—Dejeme adivinar, usted es un vampiro. Se le nota por su piel, su mirada hambrienta y la sangre en su mentón.
—¡Que horror!— enseguida el vampiro se limpió, pero se detuvo —Que más da, si voy a volver a mancharme— y se acercó al vendedor.
—Lo que ahuyenta a los vampiros es la fe, no importa en qué— el vendedor sacó lo que parecía un tubo luminoso, la luz crecía y crecía, y el vampiro sentía que se quemaba.
—¡Me duele! ¿Que es eso? ¡Ahh!— Y envuelto en nieblas huyó del comercio.
—No importa en lo que uno tiene fe, lo importante es que sea fe verdadera— el hombre contempló el pene de goma y sonriendo lo regresó al estante.

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lo menos pensado

Entre el tumulto de personas variopintas de caras heterogeneas, una silueta iluminada se me manifestó y todas las demás formas se volvieron parcas y repetidas. Leonora siempre se manifestaba como una musa, ella tan encendida su contexto tan apagado. Sus movimientos se tornaban lentos y paraba el tiempo. Reparé en su sonrisa y en su mirada, sus cabellos casi forjaban un ruido cósmico mientras volaban. Reconozco tanto su rostro como su cuerpo, creo que podría predecir sus colores y desde la lejanía, sospechar su perfume y su voz.
Sostengo que las miradas pueden doblegar el espacio tiempo si son con suficiente profundidad y generar una gravedad particular. Me ha pasado el sentir algo en la nuca o en la espalda, como un dedo muy grande presionando suave o fuerte, y creo que no solo a mi le ha pasado. Muchas de esas veces, al voltear, alguna mirada ha encontrado a la mía para desviarse sorpresivamente o convertirse en una pequeña inclinación de cabeza. Mi mirada tratándose de Leonora debe de tener una gravedad astral, solar, por que hoy como casi siempre no tardó en mirarme directamente a los ojos. Las miradas de cualquiera de los dos son como faroles que con un parpadeo morse dicen "atención-rápido-respuesta". Me sonrió y en su cara pude leer "sé que me estabas mirando" creo que también pude leer "sentía el dedo gravitatorio de tu mirada desde que me metí en este tumulto". Liberó una leve sonrisa confidente, disimulada, no por vergüenza sino para no compartirla con nadie más.
Creo que eso fue lo que pasó... Es lo de siempre, algo pasa con ella, algo pasa con Leonora, y nunca estoy del todo seguro qué es real y qué desdibujo en mi mente.

Algunas veces llegamos a estar cerca uno del otro. Muchas veces ella deliberadamente se encamina hacia mi para saludarme. En ese momento se quiebra la realidad, su voluntad se vuelca sobre la mía, me convierto en uno de esos muñequitos de las maquinas justo a punto de ser aferrados por el gancho del destino y la liberación. El gancho aunque nunca agarra al muñequito, a mi sí, por eso se quiebra el mundo. El lenguaje corporal de Leonora antes de volcarse sobre mi, en ese momento en que detiene su actividad y atención para encararme, es resolución pura. Todo su movimiento sincronizado dice "más vale que te salude yo, vos vas a seguir ahí sin romper el hielo". Y se me viene, sus ojos se enroscan con los míos y besamos nuestras mejillas. Por una milésima de segundo puedo tragarme su aliento, luego sambullirme en su perfume, ser azotado por sus cabellos, e inmediatamente la distancia de vuelta entre nuestras caras. Y la distancia solo para que nuestras miradas se vuelvan a enroscar. Este ritual que siempre inicia ella es seguido por unas palabras rutinarias que no parecen ni de uno ni del otro. Yo quiero decirle otras cosas y estoy seguro que ella quiere decirme otras cosas. Nos decimos lo que nos decimos, no sé por qué, y luego el silencia rompe el clima. Yo miro para otro lado buscando algo que no existe y ella se dirige a hacer algo, cualquier cosa. Ahí comprendo que su lenguaje corporal quería ir hacia algún lugar y yo estaba de paso, inmediatamente después también comprendo que ese otro lugar es una excusa para cruzarme por que sino yo no la cruzaba. Cuando comprendo todas estas cosas ya estamos en lugares diferentes atendiendo cosas diferentes. Ese comprender es a lo mejor un recordar, sino no tendría justificación siempre estar comprendiendo lo mismo... Ella queda con algunos compañeros riendo sobre cosas como siempre. Yo escuchando y siguiendo la conversación de algún desconocido que se me prende mientras en mi pensamiento sigue ahí Leonora.
Puede ser que algunas de estas cosas sean meras suposiciones, hipótesis o fervientes deseos. O todo junto quizá.

En una ocasión nos cruzamos por casualidad, de esas veces en que nada es planeado. Yo había querido cruzarme con ella, anhelando interpretar algún ritual. Pero pasó el momento, pasaron varios momentos. Yo ya estaba muy cansado y no esperaba nada de nada y ella estaba algo pasada de tragos, y de repente estábamos uno frente al otro. Su aliento delataba su estado pero era el aroma de un viejo licor, y mi cansancio me hacía sentir viejo, y hablamos como dos viejos conocidos aunque francamente no recuerdo de qué. Hablamos bastante y lo único que intentaba era estirar esa conversación. Estoy seguro que ella intentaba lo mismo, tan seguro como estoy seguro de la veracidad de aquello que leo en su mirada y en su cuerpo cuando la cruzo... Es decir... No estoy seguro, sospecho y deseo. Alterno entre la certeza y la incertidumbre y el cambio de enfoque me marea. Pero ahí estaba, hablando cosas y amagando beber el licor en su aliento, y ella también parecía que amagaba algo.
En la reunión en la que estábamos había música que no me gustaba, Leonora la había estado bailando y no tuve ningún reparo de hacerle saber que no me interesaba en lo más mínimo la melodía. Pensé luego que lo más conveniente habría sido hacer todo lo contrario y aprovechar para invitarla a bailar... Pero yo no bailo, ni me gusta ni lo hago bien, así que mucho mejor que le dejé bien en claro que no me gustaba esa música. "¿Y qué música te gusta? A ver..." Eso lo recuerdo, me desafió pero realmente me invitó con astucia a jugar con ella. Ella estaba jugando conmigo, esta vez era obvio que estaba jugando. Todas otras veces mis lecturas podrían confundirse con fantasías, esta vez eran realidades. Me estaba despertando de un sueño y percibía que yo sí estaba en el mundo, y delante de mí Leonora coqueteando frontalmente.
Le nombré canciones y bandas, tuvimos algunos acuerdos. Ella podía bailar una cumbia, pero también delirar un jazz. Luego de algunas ocurrencias y de un vacío mental que todavía no puedo llenar, recuerdo que estaba cantando, más bien le estaba cantando. Así, desafinando con total convicción y Leonora enfocándome sus ojos como faroles, con toda atención e intentando enroscarme la mirada. En lugar de ello terminaba enroscándome el aliento de licor. Me sentía todo un astro de la música y mientras me atraía con su atención y se borroneaba todo lo demás, creo que escuché unos tonos desafinadisimos en mi garganta. ¡El horror!
El horror es que ya no estábamos solos. Un par de sujetos, conocidos mutuos, nos flanqueaban. Uno tenía una guitarra y el otro cantaba mucho mejor que yo. Ellos en verdad eran músicos, yo solo era (y seré) un desafinador de bañadera. Toda la atención de Leonora ahora estaba con los músicos y mi vos desafinaba cada vez más, por piedad me callé la boca. Parecería un embrujo, o que se haya olvidado de mi, o a lo mejor que se haya acordado que estaba donde estaba. Y también, por piedad, no me moví de donde estaba mientras ella se alejaba disfrutando de los buenos músicos.
No podría creer que era una de esas fantasías que boceteo en mi cabeza... Esa vez fue todo muy real, visceral e ineludible.

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2018-06-11

incubadora con patas


Como los abortos están penalizados, generalmente suceden en la clandestinidad y se tratan en los hospitales cuando estos salen mal, entonces el aborto suele ya estar hecho y el tratamiento médico es salvar la vida de la mujer que abortó. Puede ser por pastillas, por meterse una aguja o una percha en la vagina (incluso en el ano), por alguna rara combinación de ejercicios y medicamentos. Otra opción es que hayan acudido a abortar a una clínica clandestina, que es una forma bonita de llamar a esos sucuchos improvizados en una casa vieja.

Bien. Yo me pongo a pensar qué pasaría en un espacio medianamente "controlado" por la sociedad según el criterio de la protección de la vida del feto y la penalización del aborto. Un espacio en donde las mujeres realmente no puedan abortar clandestinamente.

¿Qué pasa si una mujer quiere abortar y lo sabemos, pero no tuvo éxito todavía? ¿Qué pasa si sabemos que ella va a volver a intentar abortar? Digo, va a asesinar a su inocente feto. ¿QUE HACEMOS PARA IMPEDIRLO? Y, no nos va a quedar otra más que arrestarla, recluirla en un hospital o en la enfermería de una cárcel... ¡PERO TODAVÍA PUEDE ABORTAR! Hay que sacarle cortopunzantes y objetos contundentes. Pero como puede abortar a los golpes, ya sea usando sus puños contra su vientre o a panzazos contra algún mueble, entonces también hay que contenerla a la cama, para que no dañe al pequeño feto... "Contener" es una forma bonita para decir "atar". Luego, bueno, la mantenemos ahí atada hasta que de a luz, más o menos atada, más o menos drogada, o le hacemos una cesaria y listo.

Obviamente, ese hermoso bebito no podemos dejarlo en cuidado de su madre criminal, que de hecho probablemente quedaría un tiempo en la carcel por intento de asesinato del feto... O se lo damos a un familiar o si no tiene familiares o son todos unos abortistas... ¡Mejor dárselo a un orfanato de la iglesia o a una familia correcta, de bien, una que algún honorable juez estime apropiada!

Claro. también está la opción de que muchas mujeres elijan padecer un embarazo no deseado por miedo a estos procedimientos. Me pregunto si las mujeres con plata podrían seguir abortando en clínicas privadas con total discreción o si también serían encarceladas y atadas en camas pero probablemente en celdas más lindas, pintadas con tonos pastel y con música clásica funcional.

¿A qué me hace acordar toda esta ficción? Reitero que estas cosas no suelen pasar por que los abortos "penalizados" suceden en la clandestinidad y lo que se tratan sus consecuencias, heridas terribles y muertes. ¿A que nos hace acordar eso de atar a una mujer hasta que de a luz y sacarle el niño?

Por cierto. Esta ficción también desestima la voluntad de la mujer embarazada y todos deciden sobre ella, como si fuera una incubadora con patas.

Nada. Quería hacer un ejercicio de pensamiento, ver a donde puede apuntar una forma de pensar si realmente se la aplica... Por que si aplicásemos realmente muchas opiniones que tenemos, viviriamos en una sociedad un poco diferente. Aterradora. 

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2018-02-19

Fragmento Caprichoso 13

Escape de la Zona

—¡Ay Pancho, vos sos tan tierno!
—¿Sí? Ah, gracias Agustina. Vos también sos tierna. Creo que...
—Nada que ver, no lo soy, a lo mejor con vos sí, pero no lo soy.
—¡Gracias de nuevo! Es todo un honor para mi que seas tan tierna y considerada.
—Obvio, che! ¿No somos amigos?
—Sí, claro... Amigos...
—Sí, claro que lo somos! Para mi no sos cualquier hombre. Sos mi amigo, y eso es muy importante para mi!— Agustina lo abraza a Pancho, él le contesta intentando disfrutar todo lo posible el calor de su cuerpo pero sin parecer que se está aprovechando. Ella se le desprende bruscamente, lo mira y le sonríe. —¡Tenemos que salir uno de estos días! ¿Te parece?
—¡Claro que me parece! Pensaba invitarte alguno de estos días...
—Perfecto, este Viernes es para vos y yo, vamos a tomarnos unas birras y comer pizza bien llena de queso.
—Hecho!— Pancho casi explota, el corazón amaga salirle del pecho, intenta no parecer tan ansioso. —Igual, voy a revisar mi agenda, no vaya a ser que tenga algo que hacer.
—¡Jajaja! ¿Qué vas a hacer este Viernes? Lo que sea, lo suspendes y salís conmigo, no es negociable.
—Bueno, Agus, bueno, no es negociable. ¡Lo que sea por mi querida y preferida amiga, la mas linda!
—¡Jajaja! Basta, no seas salamero. Nos hablamos luego, tengo que estudiar.
—Dale, chau!
Se dan un amistoso beso y se despiden.

En su casa Pancho ensaya oraciones. Se mira al espejo, se dice que es el momento. Más de dos años aprendiendo de Agustina. Una mujer única, maravillosa, pero que confundida no dejaba de elegir hombres que no la valoraron como debían. Pancho siempre supo al valor de Agustina, y ahora parece que Agustina se está dando cuenta. El que lo haya invitado a salir no puede significar otra cosa —Se está dando cuenta de quien ha estado ahí siempre para ella, en qué hombro podía llorar— ¡Oh, sí! Pancho está lleno de ánimo positivo. Se baña y se siente sensual, y se perfuma, y se vuelve a mirar al espejo mientras canta una canción de Roxette, la banda favorita de Agustina.

Habían acordado encontrarse en la puerta de la pizzería, los mensajes fueron cariñosos y cortos, hubo algún icono de corazón. Agustina llega y lo encuentra a Pancho parado como distraído. Obvio, Pancho había llegado muy temprano y obvio, fingía que no estaba ansioso. La mira, le sonría, y con gesto teatral la invita a entrar abriéndole la puerta. Se sientan, ella mira alrededor, él sonríe y la mira a ella, ella dice...
—¡Me gusta esta pizería! Pero hace mucho que no venía. ¡Que bueno que vinimos!
—Sí, que bueno!— Y las miradas y sonrisas se cruzan...
El mozo se acerca a la mesa y les ofrece el menú. Típica carta de pizería, fotocopias en folios pegajosos. Agustina atina a adelantarse antes de que Pancho agarre la carta.
—¿Pedimos una grande mita y mita?
—¡Dale! La mitad de queso y peperoni para mí! Queso, jamón y morrón para ella. Y para tomar un balón de cerveza y una agua saborizada de pomelo. ¿Preferís otra cosa Agus?
—No, perfecto así. ¡Como me conocés!
El mozo se retira satisfecho por la diligencia, Agustina satisfecha por ahorrar tiempo y manos ensuciadas, Pancho disuelve la mirada en un todo, satisfecho por demostrarle a ella una vez más que la conoce profundamente. Él la conoce por que ha estado ahí para ella, por que la ha escuchado y la ha recordado y pensado.
—Entonces. Como te decía la otra vez, a Lucho no le doy mas bola hace rato. Resultó un pajero ordinario y un tramposo.
—No quiero decirlo...
—¿"Te lo dije"? Mejor no lo digas, yo sé que lo dijiste, vos sabes que yo lo ignoré. ¡Pero sabes como es cuando a uno le gusta alguien! Ves lo que querés ver, luego empezar a "ver"— Hace un gesto de comillas con sus dedos —Y lo negás.
—Sí, es feo, se te cae un ídolo.
—Algo por el estilo. Se desmoronan las expectativas. ¿Alguna vez te pasó? Calculo que sí, a todos nos ha pasado si vivimos suficiente...
—Sí, obvio, si vivimos a todos nos pasa! Pero también hay personas que cuanto más las conocemos, más perfectas nos parecen.
—¡Cuidado con eso, che! No somos perfectos.
—¡No! Ya sé. No digo eso, digo "nos parece". Es decir, que mas nos gusta como es realmente una persona, cuanto más la conocemos. Van pasando los años y las personas no son lo que creíamos, se vuelven especiales, íntimas.
—O más falsas, que sé yo... Bueno, con Lucho pasó un poco de todo. No quería aceptar que era un tramposo, pero también tenía sus cosas buenas. Además era divertido, y sexy, y ocurrente y con buen gusto, atento con las fechas. Y sexy. ¿Ya dije sexy verdad? ¡Jaja!— "Sexy" Ese Lucho le parecía aberrante a Pancho, un profano. En su cabeza se le revuelve una mezcla de asco y odio pensar que Agustina se sintió atraída por un ser como él. Y no solamente atraída! Se le escapan imágenes desde vaya a saber donde de su mente, ellos dos compartiendo la intimidad. ¡Monstruoso!
—¡Sí, ya lo habías dicho! No sé si era tan sexy... Pero lo importante es que al fin lo viste como realmente era.
—Mirá, el tema es que desde un principio lo vi como no era.— Con un gesto cómplice —Bueno, lo que vos dijiste. Pero si lo hubiese visto como era, podría haberla pasado bien con él y ya, sin engancharme. Lucho era un tramposo, medio forro, ya te dije que un pajero ordinario... Pero no era mal tipo, no sé si me entendés. Era cualquier cosa para estar en una relación, pero no era mal tipo. Ahí un poco fue error mio por "flashearla". Tendríamos que haber transado y listo, ponerle distancia. Igual que suelen hacer ustedes los hombres, ba!
—No nos metas a todos en la misma bolsa, che!— Esas palabras lo habían afectado, pero más lo había afectado la palabra "tranzar".
—Pará, no te ofendas. No digo que vos seas así, es una generalización.
—No todos los hombres somos así. Yo soy— "Diferente", "único", "verdaderamente gentil", "caballero" —soy...
—Un buen amigo, lo sé. No te conozco de otra forma, no solés hablarme de tus parejas.
—Pero yo no cago a las mujeres. No soy tramposo ni pajero. Lo que pasa es que no soy tan sexy y divertido como tipos como Lucho...— La situación se sale de las manos y a leguas las palabras parecen un reproche. Se hace un pequeño silencio, Pancho mira a su alrededor, ve algunos rostros apuntándole, siente que sus palabras fueron oídas en toda la pizzería y que los demás clientes se indignaron por su tono de reproche.
—No digas eso, che. No digas que no sos sexy y divertido. ¡Yo me divierto con vos! Todos somos sexys y divertidos, a nuestra forma.— Él piensa que ella solo dijo divertirse con él, no que le parecía sexy. —¡Ya vas a ver! Es cuestión de que te encuentres con una piba a la que le parezcas sexy y divertido, y listo. Bueno, que ella te parezca sexy y divertida a vos también.
—...También me divierto con vos, aunque a veces peleemos un poco— Le parece que agregar el "sexy" sería un problema, recula, planea, especula, se preocupa. —Bueno, yo deberé encontrar a alguien a quien le parezca sexy y divertido, vos deberás encontrar a alguien que te valore y respete. Ambos tenemos que encontrar a alguien que todavía no ha aparecido— ¡Error! —O que no nos hemos percatado que está...— Mejor. ¿Arriesgado? Piensa...
—Eso es lo que me gusta de vos, sos tan franco y directo. Me decís lo que me tenés que decir de una. Sin vueltas.— Agustina habla con gusto, y Pancho se siente nuevamente en su agua. Ella parece que le está dando señales, dice "que le gusta que", es una forma de decirle que él le gusta pero no quiere decirlo directamente. Ella sigue siendo mujer, le gusta "el juego", aparte esa táctica la ha usado Pancho varias veces para insinuarle. Pero también dijo "franco y directo". Esa es la otra señal. Agustina le está diciendo que se lance de una vez, que ya basta de teleteatro, ya saben a lo que fueron a esa pizería...
—Bueno, sí, a veces soy más delicado, sé cuando tener "tacto", pero en el fondo soy franco y directo, sí.
—Ya que estamos... ¿No te gusta nadie, che?— Y lo hace de nuevo, él piensa.
—Hay alguien que me interesa, sí.
—¿Y le tiraste los galgos? Quiero creer que con esas cosas sí sos franco y directo.
—¡Jaja! No es tan fácil, en realidad estoy esperando el momento apropiado por que también soy un romántico. ¡Aunque no lo parezca!
—Sí lo parece. Para mí sos re romántico. ¿No todo es ser sexy, sabés? El romanticismo tiene su encanto.
—Hay que tener un poco de cada cosa. Bueno— A la mierda con todo, es el momento, basta de rodeos! Eso piensa. —Entonces vos ahora estas sola. Digo, no te ves con nadie, me parece que es momento de dejar de buscar y de tener falsas expectativas.— Ahí es donde todo encaja, dejar de tener expectativas en alguien desconocido, apostar por alguien que se va a jugar por ella, por que ya se ha jugado, por que realmente la valora.
—Tenes toda la razón. ¡A la mierda, jaja! A la mierda con el amor romántico. O al menos por un buen tiempo...
—¡Jajaja! Bueno, bueno, pero no para tanto.
—¡Sí! Por eso me estoy viendo con un pibe, Nico, parece buen pibe...— El sonido se detiene en toda la pizzería, hacía calor pero ahora hace frío, el espacio se distorsiona como un embudo hacia atrás, se aleja, todo se aleja —Pero no importa mucho, es lindo, divertido, y no la va con vueltas. Vamos a bailar, transamos, nos fumamos unas, sin muchas expectativas, solo dos personas que se ven de vez en cuando. Nada especial, pero todo bien. ¿Entendés?
Otra vez, como le había pasado en otras ocasiones, algo alienigena le sube por el sistema digestivo. Se marea un poco, ese embudo del espacio-tiempo lo jala hacia atrás, la mesa se mueve como girando sin girar, cree ver un gesto de preocupación en Agustina. ¡Rápido, todo se desmorona! ¡Que vuelva el sonido, que todo se quede quieto! Pancho no puede desaparecer, se le ocurre ir al baño, lavarse la cara, decirle que está muy descompuesto. Ella parece que se está por dar cuenta de que algo le pasa, esto es un desastre...
Como un ángel guardián el mozo llega, trae la pizza y hace espacio en la mesa. Agustina corre su bebida y el servilletero, Pancho corre cosas, no sabe lo que corre, hace como que ordena y no sabe qué ordena. La pizza queda servida. Él la corta, la sirve, comen. Al final no se atreve a ir al baño y descomponerse, sería descortés. Finge que está todo bien, le da a Agustina los consejos de siempre y parece preocupado. Hace incapié en que es una etapa de distensión, que está bien, que siga así y no se apegue con Nico como lo hizo con Lucho. Agustina le pregunta sobre "la chica" que él había mencionado, le explica que ella le tira palos y que está pensando en verse y pasar el rato.
—Le voy a dejar en claro desde el principio que no quiero nada serio. No es que no quiera tener algo serio, solamente que ahora no quiero. Prioridades. Estoy estudiando y sabemos que eso del "amor para siempre" es un cuento de hadas. A lo mejor en un futuro, uno nunca sabe... Pero ahora no.
—¡Perfecto! Esa es la actitud. Estamos más o menos igual, che. ¡Brindemos por los buenos momentos!
—¡Brindemos por el futuro!
—Mejor por el presente. ¡Y por la amistad!

Tras despedirla en la parada del colectivo, como caballero que es, y saludarla mientras su imagen se aleja tras el vidrio del transporte, camina, piensa...
—A lo mejor es una provocación. A lo mejor me está dando celos, no me había hablado de ese Nico... No, es una boludes, él existe. Pero, igualmente no es nada importante dice. No es un amigo, ella afirmó al brindar que le importa la amistad. Bueno, también el presente.— La noche es oscura, es natural que se noten poco los colores, pero realmente para Pancho la noche tiene menos colores que los de costumbre. Las luces esporádicas de los vehículos surcan su campo visual. —No la entiendo. Parece que se da cuenta y vuelve a hacer lo mismo. Sigue prefiriendo a tipos de mierda, relaciones vacías. ¿De qué sirve ser caballero con ella? Bueno, la amistad... ¡Amistad! Eso es lo que soy para ella, un amigo. Los hombres buenos somos amigos, los malos amantes...
Menos color alrededor, las luces dan vueltas. Pancho sigue caminando, a veces se enmaraña de pensamientos y a veces no piensa en nada. A veces desea fumar y tener una gabardina y una fedora. Sigue caminando toda la noche. Pasa la noche...

El día se escurre, el sol blanquecino se asoma entre los edificios.
—¿Ya es de día? Ni sé por donde estuve caminando. Creo que reconozco esta plaza, pero se ve diferente. ¿Qué es lo que pasa? Hay como neblina, pero no es neblina. El pasto no es tan verde, los árboles tampoco. ¿Qué es lo que me pasa?— Se asusta. Realmente parece que haya bajado enormemente la saturación de colores. Como si su vida fuese una película pasada por un filtro de video. Realmente el pasto y las hojas son menos verde, aunque no llegan a ser grises. El sol que debería de ser amarillo rojizo propio de un amanecer, es más bien blanco. Se preocupa pero se da cuenta de que no durmió nada. Está cansado, pasó por una mala experiencia, la mente le juega una mala pasada. —Esto es como una película barata, de esas en las que retocan los colores y lo hacen mal. O a lo mejor una película vieja, que se repite una y otra vez y a la larga termina gastada. ¡Eso es! No son los colores que están gastados, soy yo. Yo estoy gastado, de ser un buen amigo al pedo.
Había llegado a una plaza decíamos. Entra, está algo vacía. No había notado antes que realmente todo parecía vacío. Llegando casi al centro de la plaza unas voces lo llaman. En una mesa de esas con tablero de ajedrez incorporado se encuentran tres sujetos que lo reconocen. Pancho tarda en darse cuenta, pero al final se percata de que son unos amigos del barrio que no ve hace mucho. Diferentes escuelas, diferentes caminos, se fueron distanciando. ¡Pero al verlos fue como revivir algo! Nuevamente sintió eso que sentía cuando se encontraban para ir a jugar la pelota al polideportivo.
—¡Che, Pancho, vení!
—¡Tanto tiempo Pancho! Que loco encontrarnos justo acá...
—¡Que hacen vagos! No nos vemos desde... Desde...
—Sí, hace bocha que no nos vemos. ¡Sentate! Tomate una birra con nosotros, se calentó pero bue.
—¿Ustedes tampoco durmieron?
—No. ¿De donde venis? ¿Estuviste de partusa, che?
—¡Jajaja! ¿Venis de una caravana?
—Estaba con una amiga...
—¿Una amiga?
—Sí che, ¿Una amiga decis? ¿Qué es eso de "amiga"?
—¡Jajaja!— ríen los tres.
—Una mina, bueno, jaja!
—Claro. La estabas jugando de "amigo". Sí, típica. ¿Y, qué pasó? ¿La pusiste?— El que está al lado lo golpea cómplice en el brazo.
—No creo que la haya puesto— dice el tercero —¡Mirenle la cara!
—Eh, no, no esta noche. No se dio, vieron... ¡Pero estoy en ello muchachos!
—No jodas, che!
—Cierto, no jodas. Mejor afrontá la realidad de una vez.
—¿Qué realidad?
—Estas jodido, estas en... ¿En donde? ¿Se lo decimos muchachos?
—¡Bienvenido a la "friendzone"!— Ese lugar temido por muchos, que es como un mito y una verdad a la vez.
—No creo que...
—Sí lo creo. ¡A todos nos ha pasado! La mina te mandó a la friendzone.— un lugar con un tiempo paralelo al tiempo, con un espacio descolorido y sin navidad. Un lugar donde muchos desahuciados del amor se encuentran para desahogar sus males.
—No, Agustina no es así...
—¿Quien?
—¿Agustina decís? Me suena. ¿No es la que andaba con Lucho?— un escalofrío le recorre.
—Sí, la que andaba con Lucho. La vi perreando con un tipo hace un par de días, pero no era Lucho.
—Lucho es un idiota!— Pancho se sacó, todo le daba vueltas.
—Pero a las minas les gustan los idiotas. Pancho, no te calientes— Se reían, pero más por dentro, se contenían.
—¡Es solo una mina!— Con un tono serio dijo uno ahora. Es cosa de hombres. Es normal reírse un poco pero hay códigos, a un colega se lo entiende, se le da un apretón en el hombro y se comparten unas birras sanadoras.
—Tomate un trago, tomá! No le des bola a Agustina. Se hace la buena piba pero es una trola— ¿Una trola? Eso es una grave ofensa. —¡Pero no mal interpretes! Todas son trolas en el fondo.
—Son todas iguales, no te calientes. O mejor dicho, calentalas, pasá un buen rato y ya.
—Te histeriquean, te usan el hombro para llorar, se transan a cualguier gil. Luego se quejan cuando las dejan, al final se terminan embarazando de algún boludo.
—A veces uno es un boludo... ¡Hay que avivarse a tiempo, che!
Recorre con los ojos la plaza, advierte que todo es diferente, letárgico. En un banco de madera hay un hombre con un ramo de flores conteniendo una primera lágrima. Un niño patea con furia una pelota contra un árbol y se le escapa, tiene que ir a buscarla. Un joven relojea su teléfono celular, él no puede contener la primera lágrima, luego le siguen otras, mira el cielo. El hombre del ramo de flores se levanta y lo arroja al tacho de la basura.
—¿En donde estás, che? ¡Pancho!
—¿Te diste cuenta al fin? Estamos todos en la friendzone acá.
—¿Será mi culpa? Al fin y al cabo siempre la jugué de amigo...
—No te comas la cabeza. Las minas son hijas del rigor. La próxima nada de amistad, palo y a la bolsa, che!
—Si, no le des vuelta. No dejes que te manden para acá. Adelantate y transatela, y si te histeriquea al carajo, te buscás otra.
—Te histeriquean. Son todas iguales.
Se había quedado estupefacto. Por un lado ellos tienen razón, y por otro, le parece estar escuchando a Lucho. Lucho por tres. Ellos siguen dando consejos, pero no son consejos. Reafirman una y otra vez lo perniciosas que son las mujeres. Retorcidas, calientapavas, histéricas, despreciativas. La friendzone es un lugar aterrador, descolorido, sin navidad, con catorces de febrero largos y lúgubres, con frustraciones, y lleno de hombres resentidos.
—¿Como mierda vine a parar acá?
—Ya te dijimos...
—Te dejaste boludear por la Agustina esa. Te mandó a la frienzone. Pero bueno. ¿A quien no?
—Al Lucho y al tipo con el que anda ahora no, jaja!
—Callate boludo, no le digas eso a Pancho. Mirá, Lucho y el tipo ese...
—Nico.
—Nico, Lucho. Los habrán mandado para acá alguna vez. Pasa que se avivaron. Nosotros nos avivamos. Vos tenés que avivarte.
—Tomá las riendas de tu vida. A la mierda con estas minas, vos hacé la tuya, no te dejes enroscar.
Algo no le estaba cerrando a Pancho —¿A ustedes los mandaron a la friendzone? Por que ustedes están ahora mismo acá. ¿Los mandaron a los tres a la vez y se pusieron a tomar birra o los mandaron alguna vez y siguen acá desde entonces?
—No entendés como funciona esto de la friendzone. Es como un lugar en el que todo converge, tiempo, espacio, y hombres inocentes tomados por boludos.
—En realidad yo creo que es un lugar para que nos encontremos y aprendamos, y nos avivemos.
—¡Eso, que nos avivemos! ¡Brindemos por salir de la friendzone y no volver a entrar!— Todos brindan, incluso Pancho, como a regañadientes, siguiendo el juego. Nada le cierra.
—Bueno muchachos. La verdad me alegro de verlos, me sirvieron mucho sus consejos.
—Estamos para eso.
—¡Para eso están los códigos, che! No nos escupimos el asado, y compartimos birras y consejos con los hermanos necesitados.

Pancho se había alejado ya de la plaza. Camina por una avenida y no la reconoce bien todavía. No sabe bien donde está, todavía no entiende este mundo paralelo, la "zona de amigos". Intenta salir de allí pero no sabe como. Empieza a sospechar que él mismo se metió ahí en algún momento de la noche e intenta recordar sus pensamientos. Sus pasos. Sus palabras. Las luces. La noche. Agustina saludando desde el colectivo. La pizzería que daba vueltas. El mozo. La puerta de la pizzería en donde estaba parado mirando pasar los autos y la gente, contando el paso de los minutos para verla. ¿Como se metió ahí? ¿Donde estuvo el error?

—Tiene que ser mi error. ¿Como me metí en la friendzone?— Ya no piensa, camina y ve, y oye, y siente, y surgen las ideas abstractas y sin forma definida. Como ocurrencias a punto de convertirse en ideas. —Desde que me hice el amigo para...— Y una bocina repentina lo descoloca. Se da cuenta que estaba cruzando en rojo. —¡Rojo! ¡Color!
—¡Fijate antes de cruzar, pelotudo!— ¡Oh, hermosas palabras del automovilista argento!
Se apura a llegar a la vereda, puede ver el color aunque siente el gris en su cabeza. Parece que empieza a salir de la friendzone.

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2018-02-15

Preguntas Hasta el Infinito

Le había contado a mi amante sobre mis fantasías, y también sobre un montón de cosas intimas. Le conté a mi amiga sobre mi amante y mis sentimientos y preocupaciones. Ahora, entre miedos y confusiones le cuento esto al infinito, a una ventana inquebrantable que deja ver el universo estrellado. Y me pregunto para qué de contar estas cosas, cual era mi necesidad. ¿Mi amante y mi amiga? ¿Realmente me abrí con esas personas, o necesitaba abrirme, o necesitaba sentir que me abría? Al final, creo que solamente terminé usando a las personas de mi entorno para vomitar mis cosas. Como ahora lo hago con una ventana y con las estrellas del cosmos, pero el frío espacio no me hace sentir culpable. Tanto por que está frío, como por que no va a tener reacción alguna a lo que digo. El vacío, aparente, de la galaxia no se va a preocupar por mis palabras, no va a pensar en mis problemas y no me va a tener que dar jamás una respuesta.

Que ironía, yo pensando en todas estas cosas... Y sospecho que principalmente se debe al tiempo libre, al excesivo tiempo libre. Y que no se mal interprete, puedo hacer cualquier cosa para ocupar el tiempo, desde cosas socialmente útiles a cosas triviales o personales e íntimas. Pero tengo tanto tiempo libre, tanto que mi mente se escapa de mi compartimento, de la sección presurizada, de los jardines espaciales y de la colonia. Va más allá del cúmulo de colonias. Se escapa, salta de estrella a estrella, vaga por nuevos soles, y mientras tanto me devuelve dilemas existenciales. Cosas que en otras circunstancias probablemente no tendrían razón de ser, o ni siquiera pensaría. Tengo entendido, por que fue varias generaciones antes que la mía, que los humanos del planeta tenían que trabajar duramente para sobrevivir, y que no vivían más de noventa años y en un paulatino apagado del cuerpo y la conciencia. No imagino qué habrían pensado esos humanos. No creo que lo mismo que yo, a menos que por algunos motivos bien diferentes a los míos hubiesen tenido mucho tiempo libre.

Los humanos en el planeta, trabajando para sobrevivir, envejeciendo y muriendo. ¿Y tenían tiempo para contarles fantasías y miedos a los amantes, y preocupaciones y sentimientos a los amigos, y esperar respuestas y dejarse estar y divagar? No podían contemplar las estrellas como yo, o al menos debían esperar al anochecer y recostarse en el suelo, y sabiendo que se acercaba el amanecer para robarles el momento y una nueva jornada, sacrificios, muerte, rutinas... Talvés se preocupaban de las mismas cosas que yo ahora en un laberinto de metal extraterrestre. Talvés se preocupaban de las mismas cosas, pero con más intensidad por que se les iba la vida, y les duraban poco esas preocupaciones, por que el tiempo se les escurría. O eran preocupaciones más simples, como si comerían legumbres o verduras, o si comerían, o si saldría el sol nuevamente.

Tenían religiones, y ciencias que parecían religiones, y otros tipos de construcciones, talvés les ahorraban tantas preguntas. Y puede que hubiese en ello un poco de esa falta de tiempo, con tiempo libre uno se termina por cuestionar todo, desde lo macro hasta lo micro, y en la historia planetaria tardía ya había tecnología suficiente para que hubiese tiempo para pensar. A algunos no les habrá convenido que haya tiempo para pensar. Muy paradigmático, a nuestros benefactores extraterrestres no les importó que tengamos tiempo para pensar, al contrario, nos ofrecieron el tiempo, la vida, la eternidad tranquila en este confinamiento a cambio de nuestro planeta. Decían que no lo merecíamos y que nos estaban haciendo un favor. La verdad es que fue cierto... Aunque no dejo de pensar en que esta colonia, como las otras, no son más que enormes y comunales, hermosas y paradisíacas cárceles de lujo. Estamos confinados a la eternidad para hacernos todas las preguntas que se nos ocurran, o matarnos. Matarnos por que no encontramos respuestas, matarnos por que ya no encontramos preguntas, matarnos por que la eternidad no ha borrado la identidad.

¿Pero que le estaba diciendo al espacio eterno de titilantes estrellas? Que mi amante y que mi amiga, que las fantasías y los sentimientos. ¡Ah, sí, ya recuerdo! Que temo que las estoy usando, no sé bien para que, para desquitarme quizás. No sé por qué. Si puedo desquitarme con esta ventana hacia el infinito. ¿Espero una respuesta? Hace mucho, mucho tiempo, los mortales planetarios vivían y morían pronto, necesitaban refugiarse en otros humanos y las respuestas de los otros, mortales y efímeros también, tenía un valor que ya no tiene sentido. ¿Que espero encontrar en las respuestas de otros longevos y aburridos organismos de una colonia espacial? Puede que la humanidad, a lo mejor la humanidad tiene mucho de diversidad y espontaneidad, de estímulo y respuesta. ¿Qué espero encontrar y por qué me siento tan culpable?

¿Mi amiga y mi amante ya se habrán preguntado estas cosas o todavía no les ha tocado?

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2018-01-31

Primer Embarque

“El espacio es frío y silencioso.  Viajar por el espacio es como estar muerta, aunque no sé cómo es estar muerta.  Sería más correcto decir que sospecho que estar muerta debería ser como viajar por el espacio…”

Hace mucho tiempo vivía en la segunda luna del planeta RC402. Habían pasado algunos años después de que me fui de mi casa y me despedí de mis padres sin decir una palabra. Había decidido estudiar astrofísica y tomé una pasantía como azafata, parecía una buena idea. Hace mucho tiempo, mucho. Hace algunos pocos años para mí.
Había cortado relaciones con mis padres, me despedí con algo de pena de mi hermanito, pero ya había tomado una decisión. No me importaba volver a verlos. Me despedí de un pibe que pretendía ser algo así como mi novio, si no fuese por qué yo quería ser libre seguramente hubiese construido una historia cursi con él. Y estudié, y tuve un trabajo de medio tiempo, y llegaron las pasantías a la facultad. Una buena pasantía me facilitaría unas cuantas cosas, obtendría puntuación para no tener que tomar tantas materias adicionales y de paso tendría algo que agregar a mi cartilla laboral. Hace ya unos cuatro años de que firmé y me embarqué como tripulación de la Jauría, una nave de transporte comercial. Un viaje largo. Fueron como tres horas y media a hipervelocidad, fueron como cincuenta años para el resto del universo.
Tres horas de mi vida y mis padres habían muerto, y mi hermanito tenía nietos.
En un viaje por el espacio perdí mi historia personal. ¿Qué podía intentar reconstruir con mi hermano? Era como si me hubiese despertado de un coma. Una compañera me contó que en su primer viaje, al volver, no tuvo mejor idea que ir a visitar la tumba de su ex. Se había separado por una pelea tonta y por despecho se embarcó, y al volver al espacio continuo se encontró con un mensaje de él despidiéndose. Dice que vomitó y lloró por días, y que se embarcó nuevamente para visitar su tumba. Sabía que él ya era anciano y estaría muerto al llegar. Le mandó un mensaje deseando que lo llegase a leer antes de morir, y le juró que estaba volviendo solamente para dejarle flores en su tumba. Pero, no se animó a entrar al cementerio, y ahora cuenta la anécdota intercalándola con la vez que derramó café sobre un embajador y le inventó una historia muy loca para que no le haga una queja. Y yo, pienso que ese pibe que dejé no lo voy a volver a ver, y mis padres desaparecieron, y mi hermano está en otro mundo. Ir a verlo es imposible, embarcarme nuevamente es pasar de largo su muerte. Ya sé lo que he hecho, tomé una decisión, ya no tengo historia. Sé que es lo que se busca, al fin y al cabo, las historias personales afectan a la eficacia de los empleados. 
Para viajar por el espacio no hay que tener historia personal…
Al viajar por el espacio se pierda la historia personal…
¿Qué es lo que vivimos? Una vida paralela, una vida abstraída de la continuidad, una vida de saltos. Sospecho que al volver a mi mundo podría terminar de estudiar astrofísica, si existe la universidad, y si no será en otra. O en otro mundo. O podría quedar aquí varada, entre embarque y embarque, saltando de tiempo en tiempo. No sería ni la primera ni la última tripulante que abandonó una vida de continuidad, una historia, para entregarse a algo que no es ni historia ni nada claro.
Podría embarcarme a un planeta que se dice dentro de algunos años va a ser un paraíso lúdico. Aunque, quien sabe, podría ser que al llegar los hoteles hayan presentado quiebra. Pero no creo, las computadoras económicas son muy buenas para asegurar los negocios de las familias burguesas del cosmos. Familias que ya no especulan con el porvenir de sus nietos sino con eternos linajes. Es lo mismo, no suelen viajar mucho. Pero, dicen por ahí, existe la leyenda urbana de que hay una forma de viajar sin hacer saltos temporales, que los poderosos las usan, y que solo los peones estamos condenados a no tener historia.
Cuando aceptamos un contrato con una empresa, cuando nos embarcamos, estamos firmando un contrato con el destino, otro con la muerte, y estamos renunciando a muchas cosas. Otra compañera dice que viene viajando desde hace unos ocho años. ¡Ocho años! Ni me atrevo a hacer la cuenta. Yo no existía cuando ella empezó a viajar. Ella podría ser incluso un antepasado mío. ¡Quien sabe! Pero asegura que es su último viaje, que estuvo ahorrando y ahora se va a instalar como colona en este mundo, quiere plantar zapallos. Antes de embarcarme soñaba con la astrofísica y me hacía una idea medio romántica de abandonar todo, de entregarme a la aventura espacial. Ahora plantar zapallos me empieza a parecer una buena idea. ¡No es que quiera ser una granjera! No, ni ebria. Pero, la tranquilidad, la idea de una continuidad, de no perder nada más, establecer lazos. Y si no funciona, puedo embarcarme de vuelta. Bueno, hay un límite, muchos años no se puede estar sin embarcar, pero sí el tiempo suficiente para ver si uno se adapta. Pero no sé… Como ya lo perdí todo, y lo poco que tengo es lo que llevo conmigo, podría seguir así por mucho tiempo, muchísimo más tiempo para el tiempo continuo. Entiendo este aparato macabro, es como borrarte, resetearte, formatearte. Y uno se deja llevar. Ya no hay poesía romántica en esto.
Y el espacio, una eterna oscuridad. No hay ni arriba ni abajo, no hay ni día ni noche, no hay vida, no hay nadie, no hay nada. El espacio es vacío. En realidad no es así, hay partículas, pero… Es otra cosa que cambió en mi, y en pocos meses, cambié muchas cosas. Me fascinaba la complejidad atómica y ahora me es tan irrelevante. Yo no percibo más que vacío, soledad y un abismo eterno. Adentrarse en el espacio es como una muerte, y no hay explicación científica que me satisfaga. Que me van a hablar de cuántica, de neurología, pero es igual. Lo he visto en las caras de muchos futuros colonos, personas que abandonaron sus vidas para siempre para iniciar nuevas vidas. Gente con esperanzas o con tristezas abrazadoras, o con ambas cosas. He visto la vida y la muerte en los rostros humanos de los pasajeros. También he visto la muerte en vida, pasajeros y tripulantes que ya se desapegaron tanto de su historia personal que podría confundirlos con cualquiera de los tableros o consolas de la nave. No quiero convertirme en ellos… Espero darme cuenta a tiempo y abandonar. Quedarme en cualquier planeta, incluso plantando zapallos. Creo que si algún día despierto de un sueño profundo y mirando la ventana la inmensidad vacía, y si me doy cuenta de que ya estoy muerta en vida, creo que abriría una escotilla cualquiera para morir y llevarme la nave conmigo… Espero no llegar a eso.
Empiezo a creer que cometí un error. Que habían formas más “maduras” de alejarme de mis problemas, de mi familia y de mi misma. Pero, ya los dados del destino fueron arrojados y estoy en otro tiempo. Y soy otra persona. Es aterrador, y lo más aterrador es lo inevitable.
Viajar por el espacio con los ojos bien abiertos es mirar la muerte. La muerte no es una calavera sonriente con túnica y guadaña, la muerte es el abismo y la nada, el olvido. ¿Conocen la sensación de haber olvidado una canción o un rostro importante? Lo mismo, pero con uno mismo, con la vida.
No, no hay moraleja. Es muy fácil suponer una moraleja. Igualmente de fácil que pensar en un final trágico o feliz. No tengo idea de lo que me espera. ¿Alguien tiene idea de lo que le espera? Nomás, yo me precipito a un vacío más profundo que aquellos que persisten con sus historias en el tiempo continuo. Y no tengo moraleja. No quiero una moraleja.

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2018-01-21

Fragmento Caprichoso 12

Mucho ruido de voces y murmullos, palabras unidireccionales hacia la virtualidad, motores, pasos, maquinas. Humo y hollín, un sol de verano al medio día y el calor condensándose dentro de las camisas.
Alberto fruncía las cejas para protegerse del sol, el entorno ya se le distorsionaba, día tras día, y de repente todo se calló. Estaba caminando completamente solo bajo la sombre de un alto edificio y ya no había nadie. Ni gente, ni autos, ni ruidos, ni smoke. Y no parecía que hubiese diferencia.
Los pies se movían solos, el cuerpo tenía una inercia, la idea del barrio estaba en su frente como una zanahoria y detrás una oscuridad fría que le seguía, y no se animaba a dar vuelta la mirada.
¿Qué había pasado? ¿Como hubo un cambio de escenario tan grande? ¿Como fue tan natural? Como quien dobla la esquina y se transporta a un universo paralelo, como si lo hiciese todos los días.
La sombra crecía, y la luz se extraviaba, los edificios se hacían cada vez más altos y a Alberto le daba la sensación de que se le iban a caer encima.
La negrura lo acechaba por la espalda y su inconsciente le jugaba peores bromas, le recordaba la vez que casi se ahogó en la pileta de la colonia cuando chico. Y de repente en la colonia todos los miraban sin hacer nada, y cuando salía tosiendo ya no había nadie en ningún lado, sentía el calor extremo del cemento y el cloro en la garganta y la nariz. Y el viento que lo refrescaba, y volvía a la realidad. Y al o lejos, en el horizonte con espejismos en la avenida, allí estaba de vuelta la idea del barrio, y sus pies le pesaban.
En algún momento estaba nuevamente rodeado de gente, apretado en un anden de una terminal de tren, apretado por cuerpos y calor. No había noción del tiempo y el calor ya no le importaba. Y horas o minutos después estaba desnudo sobre la cama mirando el techo en penumbras. La oscuridad lo rodeaba a Alberto, se zambullía en un lago negro con un cielo negro. Se sentía flotar, y no podía distinguir si estaba de vuelta en la colonia o seguía en su cama de resortes. El sonido del ventilador de chapa se volvía monótono y en el cielo raso podía empezar a ver estrellas. ¿Donde estaba Alberto otra vez? ¿A qué mundo paralelo había sido transportado? ¿Sería el tanque de agua de la terraza de la casa de su infancia en una escapada de la cama mientras su familia dormía?
Las estrellas estaban ahí. Cada vez habían más estrellas. Lo rodeaban, se hacían grandes, tenían gravedad y le pesaban a él como miles de varillas. La piel le pesaba, los dedos de manos y pies se le agrandaban, se sentía pequeño en un cuerpo que se hinchaba. El cielo se le estaba viniendo encima y no podía moverse. Estaba paralizado y el cielo se le venía encima. Las estrellas se hacían mas grandes, más pesadas, se distorsionaban. Y el ventilador, triunfante, le regresaba al sudor de su espalda en las sábanas. El cielo raso oscuro, inerte, él estaba inerte.

Otro día, rutinas, ir al baño, lavarse la cara, mirar en el espejo y no reconocer su cara. Alberto se preguntaba si era él el que iba a hacer lo que sabía que iba a hacer ese día como todos. Tenía la idea de que se apagaba, que su cuerpo estaba en piloto automático y solo en sus sueños de vértigo cósmico estaba realmente lúcido. Y cuando salía por el umbral de su casa podía apenas percibir que el mundo entero giraba, a lo mejor en su casa no, y al pisar la vereda se mareaba. Algún cambio de anclaje, algún shock por sus pies.

Alberto sentía la inercia del mundo, una oscuridad tras su espalda, los edificios que crecían, la camisa que se calentaba. Caminaba y no quería mirar los rostros, no sabía que habría en ellos, huía de mirar los rostros que le parecían ajenos a la realidad. Estaba en un vagón de la formación del tren y vio una silueta. Un vestido blanco, cabello castaño largo, una mochila a un hombro, lo invadió olores de pasto y rayos de sol que acariciaban cálidamente en lugar de punzarle la piel. La sensación de falta de tiempo, sin vértigo, la ligereza de caminar haciendo equilibrio en una plaza. El recuerdo de una amiga que siempre estuvo a punto de ser algo más, la juventud y la libertad, el deseo, la aventura.
¡Tuvo que bajarse del tren! A los empujones, entre grotescas caras que lo recriminaban, forzando una puerta a punto de cerrar. De repente estuvo en el anden, la puerta se cerró atrás suyo y el tren se fue. Lo invadió la idea de que estaba en una falta gravísima, que había quebrado el orden maldito de su rutina, y se sintió sin vértigo.

El anden estaba vacío, no había ninguna mujer de vestido blanco y mochila. En el horizonte donde las vías se juntaban debía venir una nueva formación, un apretado tumulto que lo regresaría al vértigo de los edificios, al ruido y los rostros alienados. Su cuerpo estaba paralizado. Una formación paró atrás suyo, se fue, él seguía ahí. Decidió salir de la estación, no volver a la inercia de ese día. Caminó por una calle ajena. Compró una hamburguesa y una gaseosa y caminó, respiraba como saboreando el aire. En medio de una cuadra un callejón se le apareció, en medio del callejón unas plantas, algún tipo de vivero quizás. Se acercó por mera curiosidad y en la puerta había un espejo, y en el espejo una silueta femenina de vestido blanco. Se acercó, el vivero era una tienda llena de espejos, y los espejos no lo reflejaban.

Alberto rió suavemente y entró en un umbral oscuro donde a lo lejos se veía un patio con azulejos andaluces y plantas y una pelota de esas baratas. Nunca pudo volver a ningún lado.

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2018-01-10

Mascaras en el tiempo

En un gran banquete muchos personajes se encuentran, interactuan y entre dardos-palabras y guiños-besos, se dedican a comer y beber.

En algún lugar, desde algún balcón, una figura de vieja o viejo cuyo género es indistinto, juega con un plato de sopa que parece agua sucia, está junto a una calavera también vieja, y ambos ríen. La figura de vieja ríe, y la calavera parece que es lo único que hace.

En el banquete una señora es gorda y no para de comer y galantear, y un señor está muy maquillado y su rostro es amorfo por las muecas resultado de ocultar y ocultar lo que quiere expresar.

En el jardín, una niña y un niño, ambos desnudos, juegan alrededor de una fuente. No se deciden si se meten o no se meten, y corretean descalzos por el pasto.

La gran sala de mármol blanco y negro, rodeada de columnas y balcones, solo se ilumina entorno a los comensales. Una dama vestida de paño negro, algo traslúcido si se lo mira bien, única prenda si se la mira bien, y sus cabellos rojos sangre amagando cubrir lo que el paño amaga descubrir. Un par de gemelos mal maquillados, comiendo y bebiendo como espejos.

La figura anciana sigue riendo y jugando con su sopa, la calavera le hace compañía. Los niños del jardín se atreven, meten sus piecitos en el agua fría, entre nenufares y el agua oscura, y pronto empiezan a salpicarse.

Carnes y verduras, y dulces y alcohol, recorren la gran mesa y sirvientes con máscaras cambian fuentes vacías por llenas. Un señor elegante, aun con sus guantes blancos, roba cerezas de una torta. Finge que no es visto pero sabe que es visto, y un señor algo más joven y no tan elegante le sonríe y le llena la copa de vino.

El jardín está oscuro, y la mayoría de la luz viene de un ventanal desde adentro, y de unas antorchas de una terraza. Entre las ligustrinas la oscuridad oculta sombras mágicas que danzan y sonríen al ver a los niños.

Hay una figura, en la gran mesa, un anfitrión. Su túnica púrpura y dorada y su rostro sombrío bajo una capucha. Sus dientes de marfil tintinean y alza una copa de oro que ofrece orgulloso a su concurrencia. Muchas siluetas, se levantan, ofrecen sus copas, aplauden, ríen jocosas.

La figura de la anciana queda en silencio, segundos, para estallar en risa luego. Mira a la calavera que parece comprender y cómplice le regala una enorme sonrisa con casi todos los dientes.

Todos brindan. Los comensales en sus ropajes ficticios, la anciana con su cuchara y su calavera, los niños flotando en la fuente y contemplando la eternidad del cielo de noche.

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Volviendo con la noche

Distinguí sus sandalias plateadas entre tantos pies y tantas patas. Distinguí la presión de la piel de sus dedos cuando usaba tacos. Vi como se movían decididas a hacia la calle, la función había terminado, y mientras el auditorio esperaba agasajarse con los artistas, ella subía a un carro para alejarse. Esperé a que desapareciese de mi vista, no estoy seguro si fue una gentileza con ella o conmigo.
Me sonreí a mi mismo y caractericé un andar como si hubiese entendido un mensaje, no sé para quien estaba disimulando, las calles estaban oscuras y la gente estaba en otro mundo. Yo estaba en otro mundo.
Subí a otro carro, definí mi destino, de vuelta a la vieja floresta de siempre. Pensé, la pensé, me pensé, y me reí. Fue un ataque de algo desde lo profundo de mi mente y que se adueñó de mi, me hizo reír y puso palabras frente a mi que me revelaron evidentes verdades. Estaba en el carro solo, en una calle sola, en una oscuridad apenas acompañada por luces tenues. No le prestaba atención a las estrellas que estaban allí y apenas la luna desde algún lateral se erguía, y no quise saber si lloraba o se reía, y como es que reía.
"Soy un estúpido". Fueron las palabras. Y era evidente. Sabemos qué, o deberíamos saber qué, toda desilusión parte de una ilusión, y que las ilusiones son obra de uno mismo por querer buscar algo que no es. Las ilusiones son el resultado de apresurarse. Y me apresuré, y no vi en donde estaba y lo que hacía yo, y lo que hacía ella. Y me queda un poco la incógnita de saber qué es lo que ella buscaba, qué veía en mí, qué es lo que realmente pretendía. Supe que se arrepintió, no hablamos nunca al respecto, nada pasó, fue como un espejismo, fue como una ilusión.
Un estúpido por ilusionarme. Podría fácilmente culparla a ella, decir que ella me ilusionó, que ella corrió hacia el carro alejándose de mí que estaba ahí tan bien dispuesto, que tenía hermosos planes. Sería una falacia, y esa entidad ajena y hermana, me dijo estúpido y se rió con mi boca, y yo reí con ella con mi boca, y entendí muchas cosas. Y seguí avanzando en la noche, solo en el carro, comprendiendome y lamentando no poder contemplar el mar para comprender más.

Sé un poco más lo que quiero y lo que no quiero, sé un poco más quien soy y lo que no soy, y me cuesta un poco más ilusionarme, y las desilusiones no me impactan tanto. Y me pregunto, ahora, si es acaso una sólida madurez o una pútrida madurez...

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