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2019-03-08

El Guardian 2

(continuación - vinculos a textos anteriores al final de la publicación)

Cuando mi colega y reclutador, quien me convidó el mate, me dijo que no pregunte por la tercera regla, decidí hacerle caso. La anterior vez que lo desoí las cosas no resultaron como esperaba. No pude llegar a tiempo a cortejar una señorita al día siguiente y me perdí la mala racha del Zoilo en la generala… ¡La mala racha de uno es la buena racha de otro! Parece que se me ha escapado ese error, o lo que se dice un acto fallido. Lo cierto es que hay una tercera regla o mejor dicho, un conocimiento que si se sabe tampoco se puede salir del infierno. Una vez pregunté si tenía que ver con esa jovencita que una vez había sido raptada pero que al final siempre volvía, que a lo mejor tenía que ver con encontrarle el lado bueno al infierno. Cuando estaba diciendo “o quizás…”, ahí mismo mi colega me interrumpió y me dijo “cayese! ¿Qué no sabe que el que pregunta, se jode?”. Lo que decís de que a lo mejor ya sabes esa regla, puede que ya tengas ese conocimiento pero que no sepas en qué se relaciona con el infierno, mejor así. Hay un par de locos internados en un manicomio que dicen haber descubierto un secreto del otro mundo y a la hora de explicarlo no pueden hacerlo, y tienen en sus cuartos montones de papelitos con anotaciones, y ecuaciones y piolines entre tachuelas clavadas en los muebles.
Según he sabido, el mal llamado “cielo” es algo así como “el barrio norte” del otro mundo. También he sabido que la mayoría de los no condenados viven un sueño eterno que no es ni bueno ni malo, y que es más bien solitario y que es posible salir como si se tratase de despertar. Pero, luego hay que encontrar una puerta o más bien imaginarla. Y ahí hay una trampa, por qué si se está soñando y para salir del sueño hay que atravesar una puerta, es muy difícil estar seguro de que realmente sea una puerta de salida y de que el otro lado no sea parte del sueño. En fin, que es más fácil que alguien o algo lo despierte a uno antes de que uno mismo lo haga. Cuando pregunté si los fulanos que están en el barrio norte del otro mundo al dormir sueñan, si pueden despertar o si directamente no sueñan, me contestaron con una mirada de cansancio o lo que se dice en criollo de “no me rompas más las bolas”.
¿Indemnización? En el infierno no hay sindicatos… ¡Faltaba más! Me dejaron salir y volver a ser mortal sabiendo cosas que ningún otro mortal sabe. Aunque puede que, y a riesgo de caer en un cliché, estos conocimientos sean más una maldición que una bendición. ¡Pero hay gente que se pasa años buscando explicaciones y yo me conformo con un plato de puchero, unos mates y seguir mis pasiones deportivas.
Es muy horrible lo que están haciendo en la ciudad o en el mundo. Yo he conocido esta ciudad porteña desde hace mucho, desde que el actual microcentro era toda la urbanidad y más allá florestas y florestas. Sin ir muy lejos hay un barrio que se llama Floresta por que bueno, el primer tren terminaba ahí y eso era lo único que había, la estación, un kiosko, un prostíbulo y una larga floresta. Así que estoy algo acostumbrado a que las cosas cambien y generalmente para peor. Lamento mucho, eso sí, esa reforma horrible que están haciendo en el Parque Rivadavia, en una época me juntaba a escuchar tango y jugar al truco por esos lares. Nunca fui mucho del ajedrez, debo confesar. ¡Quizás te he cruzado alguna vez!
No te escribí por qué bueno, me tomo la vida con más tranquilidad y no me corre el tiempo. Diría que el tiempo ya me ha alcanzado pero tomo mates con él.
¿Lo persiguen? ¿Qué lo puedo decir? Los perseguidores existen pero los hay de diferentes tipos, tienden a camuflarse según las costumbres de cada perseguido. A mi obviamente me tienen visto pero no se preocupan demasiado de lo que yo pueda hacer. En el peor de los casos si armo demasiado alboroto me pueden meter en un loquero y listo. La ciudad está llena de todo tipo de locos, algunos locos saben más que los cuerdos. ¡Pero vaya uno a distinguir cuales! Es más fácil dar todo por sentado y no preocuparse. En otras palabras, cuanto más influyente es uno, más vigilancia tiene, así que lo más seguro es ser lo más mundano y anónimo posible.
Pero estás preocupado y es razonable… Algo llamativo es que los perseguidores se le camuflan al perseguido pero no al resto de la sociedad, calculo que por economía. La sociedad tiende a justificar o negar lo que no entiende de todos modos. Así que hay dos posibles formas de percatarse de los perseguidores, una es aquello que es convenientemente normal, y otra es algo que a otros les parezca extraño. Vos me estás hablando de sombras, ruidos y esas cosas de brujería, puede no tener nada que ver con estas correspondencias. También puede ser que está cerca de descubrir ese algo y le prestes atención a cosas que antes no le prestabas atención. A lo mejor puede que sea toda una conspiración para amedrentarte o para provocarte una locura temprana, pero no podría estar seguro de cual es el caso.
Esa dirección que me pasaste en clave no parece ser de un lugar real… ¿Me pregunto si sos acaso un trabajador del correo que sabe distinguir esa dirección falsa y apartarla antes de que intente ser llevada a su inexistente destino? Como sea, si la pusiste es por algo.
Yo la verdad no te voy a insistir, si querés meterte en el infierno es cosa tuya. Vos debes trabajar en el centro porteño, solamente alguien que trabaja en el centro porteño puede pensar que el infierno es un lugar mejor…

Sin más, un abrazo, alguna vez deberíamos juntarnos cara a cara y tomar unos mates!



Texto primero:
http://campovioleta.blogspot.com/2019/01/el-guardian.html

Respuesta 1:
http://alsosprachsebastian.blogspot.com/2019/02/senor-portero-espero-me-disculpe-el.html

Respuesta 2:
http://alsosprachsebastian.blogspot.com/2019/03/estimado-portero-ha-leido-mi-carta.html




2019-01-17

El Guardian

Así como me ves, seguro te sorprendés si te digo que yo fui guardián de una de las puertas del infierno. ¡Sí, sí, yo mismito! Fui guardián de una de las puertas malditas por más o menos trecientos años. Bueno...
¿Conocés que hay tres reglas que cumplir para poder salir del infierno? Siempre y cuando uno no sea un condenado, por supuesto, por que sino difícilmente saldrás de ahí a menos que sea como un fantasma para atormentar a los vivos por encargo de alguno de los jefes... Jefés, sí, el infierno tiene muchos jefes. Imaginate algo así como un edificio más ancho que largo, laberíntico, con pasillos que conducen a salas de espera, donde se bifurcan más pasillos, y oficinas, que dan a recovecos con habitaciones desconocidas y más oficinas y archiveros y escaleras que suben y bajan sin razón... Bueno, es uno de los infiernos, por que hay muchos. Pero por regla general, el infierno es pequeño y frío y no esos mares de lavar ardiente tan famosos... Bueno, sí, pero esos son los jardines de los más jefes, los archi jefes o no sé como se llaman, o reyes a lo mejor, o jueces.
¿Donde me quedé? ¡Claro, claro! Las dos reglas para poder salir del infierno, una es no mirar atrás, y la otra es no comer y no beber nada procedente del infierno. Bueno... Resulta que yo estaba de paso, esperaba una carreta para ir a otra ciudad y un paisano se estaba tomando unos mates. No va que yo le pido que me convide uno... ¡Tenía mucha sed y era una noche fría! Me dijo que estaba amargo, re lavado y tibio, y le dije que no importaba. El sujeto salió por el arco de la puerta como si arrastrara un gran peso y me extendió el mate. Para mi sorpresa no estaba tan mal, sí era amargo, lavado y frío, pero tenía algo... Creo que le había puesto ginebra el hijoputa! Me dijo con una seriedad parca que me lo tome ahí mismo en la calle, que no entre, como si se tratase de una advertencia piadosa. Pero, el sujeto entró por que lo llamaban de adentro, se retrasó. Entoncés me asomé y le dejé el mate en una mesita que tenía ahí. El sujeto estaba hablando con una figura sombría, se quedaron en silencio y miraron mi pie derecho que había puesto dentro del cuarto.
Bueno, no puede sacar el pie, no pude irme. El sujeto me explicó que estaba ni más ni menos que en una de las puertas del infierno. Una puerta de servicio en realidad, y de poco uso, pequeña, pero una puerta del infierno al fin y al cabo. Como había bebido, y también habia mirado atras, o adentro, ya no podía salir. Pero, de todos modos, no era exactamente el infierno, era la puerta, eran unas salas aquí en el reino de los mortales pero que pertenecían al infierno. Así que el sujeto me planteó lo siguiente, no podía irme pero como no era el infierno tampoco tenía que necesariamente quedarme dentro. Estaba condenado a quedarme en esas salas! Pero no era tan malo, mientras estuve ahí no envejecí nada, y no necesitaba ni comer ni ir al baño, aunque hacía esas cosas por placer o por seguir sintiéndome humano.
Bueno, el sujeto resulta que era el guardián de esa puerta y ahora yo también lo era, estaba a su cargo. Y no era tan malo, me dijo que ahora que eramos dos podíamos turnarnos y salir un fin de semana por medio por ahí, pero teniendo que volver puntualmente bajo pena de envejecer abruptamente todo lo no envejecido año tras año.
Te voy a contar un secreto, a decir verdad, eso de guardián es un poco tramposo. En realidad no eramos guardianes sino porteros. El truco estaba en que si nos mataban no habría forma de abrir la puerta desde afuera. Eramos una carnada... Eso era malo, pero lo bueno es que muy pocos seres en el mundo querrían entrar al infierno por la fuerza.
¿Y qué pasó? Era una puerta poco importante y la cerraron... Ahora ahí mismo hay un Sub-Way o como le llamen. "El Camino de Abajo", "El Subterraneo" ¿No es demasiado irónico y casual? Sospecho que tercerizaron muchas porterías y de paso hicieron negocios. Me cuentan que una de esas puertas de un sujeto que no llegué a conocer, estaba disfrazada de un parrilla, y tan solo entrar parecía el inframundo, y si pedías salsa picante sabía al mismísimo infierno. Y ahora también ahí hay un Sub-Way! No es casualidad, no, es un negocio diabólico... Bueno, la cosa es que me desvincularon de la portería. El guardián con quien compartí trecientos años fue a parar a otros pagos, él era de planta, tenía su identificación dibujada con rayitas finitas y gruesas como si fuesen los barrotes de una cárcel. Y yo me volví mortal nomás, pero empecé a envejecer de ahí en más normalmente.
Entonces, yo puedo decir que fui guardián de una de las puertas del infierno, y que tengo más de trecientos años de experiencia de vida! Pero, este, trecientos años tomando mate en un umbral y hablando de las mismas cosas todos los días, de minas, de futbol, de las parcas siluetas que entran y salen...
En fin. ¿A qué iba todo esto? ¡Sí, ya me acuerdo! Que si te insinúan que una bebida está mala, si no quieren convidarte, no insistas, a lo mejor no es de ortiva sino de piadoso, pero igual hay que ser ortiva para guardar las apariencias... Si no quieren convidarte, no insistas. Y si insistís, bueno, atenete a las consecuencias, uno nunca sabe en donde entra.

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2018-01-31

Primer Embarque

“El espacio es frío y silencioso.  Viajar por el espacio es como estar muerta, aunque no sé cómo es estar muerta.  Sería más correcto decir que sospecho que estar muerta debería ser como viajar por el espacio…”

Hace mucho tiempo vivía en la segunda luna del planeta RC402. Habían pasado algunos años después de que me fui de mi casa y me despedí de mis padres sin decir una palabra. Había decidido estudiar astrofísica y tomé una pasantía como azafata, parecía una buena idea. Hace mucho tiempo, mucho. Hace algunos pocos años para mí.
Había cortado relaciones con mis padres, me despedí con algo de pena de mi hermanito, pero ya había tomado una decisión. No me importaba volver a verlos. Me despedí de un pibe que pretendía ser algo así como mi novio, si no fuese por qué yo quería ser libre seguramente hubiese construido una historia cursi con él. Y estudié, y tuve un trabajo de medio tiempo, y llegaron las pasantías a la facultad. Una buena pasantía me facilitaría unas cuantas cosas, obtendría puntuación para no tener que tomar tantas materias adicionales y de paso tendría algo que agregar a mi cartilla laboral. Hace ya unos cuatro años de que firmé y me embarqué como tripulación de la Jauría, una nave de transporte comercial. Un viaje largo. Fueron como tres horas y media a hipervelocidad, fueron como cincuenta años para el resto del universo.
Tres horas de mi vida y mis padres habían muerto, y mi hermanito tenía nietos.
En un viaje por el espacio perdí mi historia personal. ¿Qué podía intentar reconstruir con mi hermano? Era como si me hubiese despertado de un coma. Una compañera me contó que en su primer viaje, al volver, no tuvo mejor idea que ir a visitar la tumba de su ex. Se había separado por una pelea tonta y por despecho se embarcó, y al volver al espacio continuo se encontró con un mensaje de él despidiéndose. Dice que vomitó y lloró por días, y que se embarcó nuevamente para visitar su tumba. Sabía que él ya era anciano y estaría muerto al llegar. Le mandó un mensaje deseando que lo llegase a leer antes de morir, y le juró que estaba volviendo solamente para dejarle flores en su tumba. Pero, no se animó a entrar al cementerio, y ahora cuenta la anécdota intercalándola con la vez que derramó café sobre un embajador y le inventó una historia muy loca para que no le haga una queja. Y yo, pienso que ese pibe que dejé no lo voy a volver a ver, y mis padres desaparecieron, y mi hermano está en otro mundo. Ir a verlo es imposible, embarcarme nuevamente es pasar de largo su muerte. Ya sé lo que he hecho, tomé una decisión, ya no tengo historia. Sé que es lo que se busca, al fin y al cabo, las historias personales afectan a la eficacia de los empleados. 
Para viajar por el espacio no hay que tener historia personal…
Al viajar por el espacio se pierda la historia personal…
¿Qué es lo que vivimos? Una vida paralela, una vida abstraída de la continuidad, una vida de saltos. Sospecho que al volver a mi mundo podría terminar de estudiar astrofísica, si existe la universidad, y si no será en otra. O en otro mundo. O podría quedar aquí varada, entre embarque y embarque, saltando de tiempo en tiempo. No sería ni la primera ni la última tripulante que abandonó una vida de continuidad, una historia, para entregarse a algo que no es ni historia ni nada claro.
Podría embarcarme a un planeta que se dice dentro de algunos años va a ser un paraíso lúdico. Aunque, quien sabe, podría ser que al llegar los hoteles hayan presentado quiebra. Pero no creo, las computadoras económicas son muy buenas para asegurar los negocios de las familias burguesas del cosmos. Familias que ya no especulan con el porvenir de sus nietos sino con eternos linajes. Es lo mismo, no suelen viajar mucho. Pero, dicen por ahí, existe la leyenda urbana de que hay una forma de viajar sin hacer saltos temporales, que los poderosos las usan, y que solo los peones estamos condenados a no tener historia.
Cuando aceptamos un contrato con una empresa, cuando nos embarcamos, estamos firmando un contrato con el destino, otro con la muerte, y estamos renunciando a muchas cosas. Otra compañera dice que viene viajando desde hace unos ocho años. ¡Ocho años! Ni me atrevo a hacer la cuenta. Yo no existía cuando ella empezó a viajar. Ella podría ser incluso un antepasado mío. ¡Quien sabe! Pero asegura que es su último viaje, que estuvo ahorrando y ahora se va a instalar como colona en este mundo, quiere plantar zapallos. Antes de embarcarme soñaba con la astrofísica y me hacía una idea medio romántica de abandonar todo, de entregarme a la aventura espacial. Ahora plantar zapallos me empieza a parecer una buena idea. ¡No es que quiera ser una granjera! No, ni ebria. Pero, la tranquilidad, la idea de una continuidad, de no perder nada más, establecer lazos. Y si no funciona, puedo embarcarme de vuelta. Bueno, hay un límite, muchos años no se puede estar sin embarcar, pero sí el tiempo suficiente para ver si uno se adapta. Pero no sé… Como ya lo perdí todo, y lo poco que tengo es lo que llevo conmigo, podría seguir así por mucho tiempo, muchísimo más tiempo para el tiempo continuo. Entiendo este aparato macabro, es como borrarte, resetearte, formatearte. Y uno se deja llevar. Ya no hay poesía romántica en esto.
Y el espacio, una eterna oscuridad. No hay ni arriba ni abajo, no hay ni día ni noche, no hay vida, no hay nadie, no hay nada. El espacio es vacío. En realidad no es así, hay partículas, pero… Es otra cosa que cambió en mi, y en pocos meses, cambié muchas cosas. Me fascinaba la complejidad atómica y ahora me es tan irrelevante. Yo no percibo más que vacío, soledad y un abismo eterno. Adentrarse en el espacio es como una muerte, y no hay explicación científica que me satisfaga. Que me van a hablar de cuántica, de neurología, pero es igual. Lo he visto en las caras de muchos futuros colonos, personas que abandonaron sus vidas para siempre para iniciar nuevas vidas. Gente con esperanzas o con tristezas abrazadoras, o con ambas cosas. He visto la vida y la muerte en los rostros humanos de los pasajeros. También he visto la muerte en vida, pasajeros y tripulantes que ya se desapegaron tanto de su historia personal que podría confundirlos con cualquiera de los tableros o consolas de la nave. No quiero convertirme en ellos… Espero darme cuenta a tiempo y abandonar. Quedarme en cualquier planeta, incluso plantando zapallos. Creo que si algún día despierto de un sueño profundo y mirando la ventana la inmensidad vacía, y si me doy cuenta de que ya estoy muerta en vida, creo que abriría una escotilla cualquiera para morir y llevarme la nave conmigo… Espero no llegar a eso.
Empiezo a creer que cometí un error. Que habían formas más “maduras” de alejarme de mis problemas, de mi familia y de mi misma. Pero, ya los dados del destino fueron arrojados y estoy en otro tiempo. Y soy otra persona. Es aterrador, y lo más aterrador es lo inevitable.
Viajar por el espacio con los ojos bien abiertos es mirar la muerte. La muerte no es una calavera sonriente con túnica y guadaña, la muerte es el abismo y la nada, el olvido. ¿Conocen la sensación de haber olvidado una canción o un rostro importante? Lo mismo, pero con uno mismo, con la vida.
No, no hay moraleja. Es muy fácil suponer una moraleja. Igualmente de fácil que pensar en un final trágico o feliz. No tengo idea de lo que me espera. ¿Alguien tiene idea de lo que le espera? Nomás, yo me precipito a un vacío más profundo que aquellos que persisten con sus historias en el tiempo continuo. Y no tengo moraleja. No quiero una moraleja.

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2013-12-24

Quedan alli las moscas

Los movimientos me brotaban de forma automática, mi mente estaba en blanco. Un cambio de viento me golpeó con una ola de un olor que ya había sentido antes en cementerios, un olor particular que nunca se olvida.
Conforme avanzaba, sin ser completamente consciente de los movimientos de mis piernas, el olor se incrementaba y daba la sensación de que se volvía sólido, combinado con un calor imbancable. Habré querido, en alguna ocasión, separar el aire con mis brazos, como si la acción me permitiese facilitarme el avance. El avance seguía siendo automático, pero las articulaciones sentían el peso del cuerpo en cada movimiento. El olor y el calor se habían fundido y eran lo mismo. Me envolvía, me aferraba, se escabullía por mi ropa y se metía en mis poros. De repente la puerta abierta de siempre, me detuve ante el pasillo. De allí el oleaje de esa fusión de olor y calor se volvía más denso, no podría decir que entré, en lugar de ello me sumergí.
Esquivé siluetas, esquivé palabras, y subí la escalera de siempre. Atravesé la puerta de siempre, el aire era denso, coagulado y pegajoso... El suelo estaba cubierto por una inmencionable sustancia, resbaladiza, orgánica y adherente. Entonces me percaté que eso era el aire, que eran lo mismo pero que ahí en ese suelo era más denso. Si la cordura me hubiese abandonado, habría visto la sustancia subir por las paredes, cubrir el techo, subir por mis piernas y consumirme. Quizás la cordura era mantenida despierta por un constante sonido de fondo, perpetuo, que junto al aire impedían pensar en momento alguno el que quizás me estuviese sumergiendo en un sueño. La física de mis percepciones eran concretas e imposible de ser desatendidas... El sonido perpetuo era el de las moscas, desde ya inseparables al entorno. Se escapaban algunas de ellas como perdidas, pero la mayoría no se alejaban. Las moscas y el lugar eran uno solo, eran lo único que parecía moverse en esa densidad de aire y sustancias.

Apoyarme en una pared, que no me habría extrañado encontrar pegajosa pero no lo estuvo, y asomarme. El lugar era letárgico, y lo único vivo eran las moscas, que no eran muchas sino una entidad compuesta de partículas, lo cubrían todo y lo investigaban, pero a mi no me tocaban, no sé por qué. Antes de esa ocasión si tuviese que escribir algo similar, hubiese relatado la ficción de como las moscas me acosaban y me invadían, pero las moscas no me tocaban. Había demasiada muerte y yo estaría demasiado vivo, al menos por fuera. Recuerdo particularmente un brazo cubierto de moscas, una cabellera canosa, un pie morado a punto de estallar, y ropa empapada de la sustancia que se esparcía en todo. Enfrente de mi se sentaba dándome la espalda y quieta, y a lo lejos, inmerso en la oscuridad, una silueta recostada e irreconocible. No me atreví a aventurarme, quizás por que no se trataba ello de ninguna aventura...

El cabello, el brazo y el pie, eso lo recuerdo e identifico. Una parte de mi lo identifica. Era inconfundible el escenario. Mi automatismo mental me devolvía respuestas afirmativas, me devolvía posibilidades lógicas, todo razonable, todo objetivo y calculable. Descendí las escaleras con frialdad mientras mi mente cambiaba imágenes, analizaba siguiendo algún protocolo algorítmico. Los recuerdos se mezclaban, el brazo, el cabello y el pie con otras imágenes, rostros, patrones de movimiento, voces y expresiones, miradas y sonrisas. Ahí un aspecto subjetivo de mi ser no relacionaba la escena material con los recuerdos. Las personas habían sido exorcizadas de los cuerpos. Lo único vivo allí eran las moscas, y mis recuerdos tenían suficiente vida como para no encajár allí. El aire seguía denso, el calor y el olor seguían estando fusionados, y el sonido de las moscas perduraban. Las moscas no salían, salvo unas pocas perdidas. Una buena parte cubrían un mosquitero pero no estaba seguro de que quisiesen salir, solo investigaban, por que pertenecían a allí dentro. La casa pertenecía ya a las moscas.

Será, asumo, algún bloqueo mental. Los cuerpos eran asociables con conjunto de información, y esto se describe así, con la objetividad de una computadora. Las personas no estaban allí, las personas no sabía yo donde estaban, ni como ubicarlas, ni si habrían de volver. Lo único real era el olor, el calor, y el sonido de las moscas. Luego las siluetas y las palabras que iban y venían a mi alrededor. Todas ajenas a mi persona, ya agobiaban y deseaba sacarmelas de encima. Siluetas ajenas, palabras ajenas, y percepciones materiales muy desagradables, y es todo lo que puedo decir al respecto.


Alguna vez en tiempo pasado pude interactuar con cuerpos que ya habían sido exorcizados de sus personas, y en esas ocasiones tuve mecánicos movimientos guiados por una fría computadora que con objetividad asociaba información. Fueron cuadernos, fotos, anotaciones, algunos objetos en particular, los que se vinculaban con la vida que se desintegraban en forma de recuerdos. Sé que cuando se hayan ido las moscas, y la densidad del aire y la adherencia del suelo sean desechadas, no habrán más barreras entre montañas de objetos, cosas, palabras, y todo asociado a algún recuerdo. Vendrán como constantes vendavales y me rodearán. Pero mientras tanto me seguiré articulando con fría objetividad, y con la sensación de que las personas simplemente no aparecen.


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2013-07-30

Fantasia transliterada

El campamento del sexto batallón era inmenso y estaba muy bien guarecido. Era la noche de un Martes y los mercenarios planeaban una infiltración, quizás tomar algún prisionero, o poner una bomba en un lugar estratégico. La segunda al mando, que era una intrépida espadachina, contemplaba la silueta de las carpas exteriores al iluminarse sus contornos por los fuegos entre los que algunos guardias se relajaban confiados de su número superior. Los ojos de la comandante se entrecerraron distinguiendo una sombra familiar que se adentraba en el campamento. El jefe de los arqueros distinguió la forma y le comentó...
“Nos traicionó... ¡Mirad como se mete en el campamento enemigo con toda tranquilidad! Sabe que será bien recibido...”
“No lo creo, está tramando algo, una acción suicida... ¡Rápido, vamos a atacar, lo van a matar!” Rápidamente la comandante desenfundó su espada, pero fue detenida por sus compañeros que le dijeron...
“Si es cierto que emprendió una acción suicida, ya está muerto... Nosotros no podemos arriesgar la misión por él y lo sabe...”
“¡Pero es un estúpido, no va a poder con ellos! Seguramente va a querer ser diplomático. Lo van a matar...” Una joven y robusta guerrera se acercó cabizbaja y le habló a la espadachina...
“Vos no querías que él use su magia negra y por eso se estuvo comportando como un sacerdote curandero, pero su naturaleza es de nigromante, y eso es lo que está haciedo.”
“¿Va a usar las artes oscuras, va a invocar a los demonios? Ni aun así va a poder...”
“¡Jajaja! Lo subestimás, es un maldito, y lo único más maldito que él son sus maldiciones...”
Los gritos empezaron a salir del campamento del sexto batallón, las carpas empezaron a arder, los sonidos de espadas se mezclaron con gruñidos y alaridos y un olor sanguíneo se levantó. Luego de una hora, aproximadamente, el campamento era una ruina y los mercenarios caminaban entre cadáveres desfigurados. En el centro del campamento estaba el cuerpo bizarro del nigromante, levantó su cabeza con seriedad fría y dijo...
“El campamento está contaminado, no toquen nada, no coman nada. ¡Debemos quemarlo todo!” Y diciendo esto tomó una antorchá y comenzó a quemar cuanta cosa y cuanto cadáver veía.


“¿Qué has hecho? ¿Que pacto diabólico has invocado?” Le preguntó la espadachina al nigromante. “No entiendes esta magia, simplemente los infecté y los manipulé. Pero sabía que esto no te iba a gustar y traté de contenerme... Esta guerra se está saliendo de control y no me puedo dar el lujo de perder a mas personas, y tu siempre vas adelante en las embestidas, mi estimada! Lamento decepcionarte... Sabrás que nadie cambia en esta vida, solo nos adaptamos, solo nos adaptamos! Quizás la vida misma es una mera adaptación, jeje.”


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2012-01-20

La ultima palabra de tu mascara

Una última palabra, una frase definitiva, el final de una etapa saliendo de la boca.

Somos caretas acostumbradas a tratar con caretas. Vivimos en un mar de oleajes de demagogia y de farsas emocionales. Vivimos una parodia triste o alegre, pero parodia.

¿Qué es lo que en verdad piensas de esa persona? ¿Qué es lo que en verdad quieres para ti mismo? ¿Cómo te sentirías si murieses mañana? ¿Qué es lo que harías ahora entonces?

Hay palabras y acciones que son definitorias. Acaban e inician cosas a la vez, pueden ser fatales o maravillosas, no, creo que ambas, creo que son generadoras de momentos sublimes. Esos momentos dan valor a nuestra vida. Pero es normal conformarse con la pantomima, con las falsas sonrisas, con las angustias a oscuras, con las limosnas causales. Es fácil conformarse y nos parece que el riesgo de hacer algo es muy grande. ¡Sí, el riesgo es muy grande! No tiene nada que ver con la adrenalina, o sí talvés, pero no es el punto… El punto es que ciertas cosas son riesgosas por que justamente son importantes cambios de ciclos. El terminar algo para empezar algo. Sea lo que sea que se empiece, la buena noticia es que lo que se termina es una farsa. Puede que una farsa bonita y cómoda, tentadora, pero una farsa. ¿Qué clase de goce hay en una situación cuando en realidad se anhela otra? Simplemente no hay respeto por uno mismo si no se toman riesgos. ¿Qué te dirías si pudieses verte desde afuera? Se sincero /a. ¿Qué te dirías?


Entonces… ¿Qué vas a decir? ¿Qué vas a hacer? Qué es lo que va a suceder ahora, no sé, pero espero que sea sublime…


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2011-04-05

Simplemente muerte


Lo percibido de la realidad tiene un impacto demasiado grande como para ser desestimado y es sin lugar a dudas la mejor enseñanza. Generalmente la envergadura de la realidad no alcanza a la envergadura de la mente y por ende el profundo razonamiento sobre razonamientos. Pero dado a que no se tiene otra concepción del universo mas allá de lo percibido y luego de lo pensado, lo percibido es lo mas tangible. Una de las “leyes” del universo es que un ser por mas pensante que sea no puede escaparse del azar, por esto el pensar no es suficiente, ni el sacar conclusiones, ni el tener fe. Lo mas real que se puede alcanzar es lo que se percibe en el tiempo presente, por que incluso los recuerdos no tienen la fidelidad suficiente como para competir con la realidad percibida.


En verdad puede decirse que el principal motivador para todo lo que se hace es sin duda la muerte, incluso amamos con la pasión con que lo hacemos simplemente por que existe la muerte. La muerte en si misma es entonces cubierta con un velo de nobleza y santificada, divinizada, para superarla durante nuestra vida y no enfrentarla cara a cara. Pongo a la muerte en mi ejemplo por que es la principal motivación para las acciones y por que puedo acotar sobre ella muchas y muchas experiencias.


Como dije, la muerte es cubierta por un velo de nobleza. Un típico ejemplo es la nobleza de la guerra, la que se plasma en libros, cuentos, películas, y que luego al ser vivida no es lo que se decía que era. Estar rodeado de cadáveres mutilados y malolientes en medio de una lluvia de balas y explosiones no tiene ninguna nobleza, o al menos eso creo por que nunca estuve en una guerra. Pero sí he presenciado muchas muertes, de personas aparentemente saludables, de personas muy enfermas, de personas que se fueron degradando humanamente de forma morbosa, de personas que prometían una larga vida virtuosa por delante, de personas que dejaron parejas e hijos, de personas… ¡Personas! Personas muriendo, de eso es lo que hablo, eso es lo que he experimentado muchas veces, y puedo decir con una completa seguridad que no hay nada noble en la muerte. En la muerte no hay ideales, no hay dios, no hay principios ni moral, solo hay muerte.


Una vez que se acepta esta realidad, tras haberla experimentado, es que se puede empezar a dar valor a la vida. Claro que hay mucho mas que decir de la muerte, y de la vida, pero esto es por ahora suficiente.


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