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2018-06-11

incubadora con patas


Como los abortos están penalizados, generalmente suceden en la clandestinidad y se tratan en los hospitales cuando estos salen mal, entonces el aborto suele ya estar hecho y el tratamiento médico es salvar la vida de la mujer que abortó. Puede ser por pastillas, por meterse una aguja o una percha en la vagina (incluso en el ano), por alguna rara combinación de ejercicios y medicamentos. Otra opción es que hayan acudido a abortar a una clínica clandestina, que es una forma bonita de llamar a esos sucuchos improvizados en una casa vieja.

Bien. Yo me pongo a pensar qué pasaría en un espacio medianamente "controlado" por la sociedad según el criterio de la protección de la vida del feto y la penalización del aborto. Un espacio en donde las mujeres realmente no puedan abortar clandestinamente.

¿Qué pasa si una mujer quiere abortar y lo sabemos, pero no tuvo éxito todavía? ¿Qué pasa si sabemos que ella va a volver a intentar abortar? Digo, va a asesinar a su inocente feto. ¿QUE HACEMOS PARA IMPEDIRLO? Y, no nos va a quedar otra más que arrestarla, recluirla en un hospital o en la enfermería de una cárcel... ¡PERO TODAVÍA PUEDE ABORTAR! Hay que sacarle cortopunzantes y objetos contundentes. Pero como puede abortar a los golpes, ya sea usando sus puños contra su vientre o a panzazos contra algún mueble, entonces también hay que contenerla a la cama, para que no dañe al pequeño feto... "Contener" es una forma bonita para decir "atar". Luego, bueno, la mantenemos ahí atada hasta que de a luz, más o menos atada, más o menos drogada, o le hacemos una cesaria y listo.

Obviamente, ese hermoso bebito no podemos dejarlo en cuidado de su madre criminal, que de hecho probablemente quedaría un tiempo en la carcel por intento de asesinato del feto... O se lo damos a un familiar o si no tiene familiares o son todos unos abortistas... ¡Mejor dárselo a un orfanato de la iglesia o a una familia correcta, de bien, una que algún honorable juez estime apropiada!

Claro. también está la opción de que muchas mujeres elijan padecer un embarazo no deseado por miedo a estos procedimientos. Me pregunto si las mujeres con plata podrían seguir abortando en clínicas privadas con total discreción o si también serían encarceladas y atadas en camas pero probablemente en celdas más lindas, pintadas con tonos pastel y con música clásica funcional.

¿A qué me hace acordar toda esta ficción? Reitero que estas cosas no suelen pasar por que los abortos "penalizados" suceden en la clandestinidad y lo que se tratan sus consecuencias, heridas terribles y muertes. ¿A que nos hace acordar eso de atar a una mujer hasta que de a luz y sacarle el niño?

Por cierto. Esta ficción también desestima la voluntad de la mujer embarazada y todos deciden sobre ella, como si fuera una incubadora con patas.

Nada. Quería hacer un ejercicio de pensamiento, ver a donde puede apuntar una forma de pensar si realmente se la aplica... Por que si aplicásemos realmente muchas opiniones que tenemos, viviriamos en una sociedad un poco diferente. Aterradora. 

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2018-02-15

Preguntas Hasta el Infinito

Le había contado a mi amante sobre mis fantasías, y también sobre un montón de cosas intimas. Le conté a mi amiga sobre mi amante y mis sentimientos y preocupaciones. Ahora, entre miedos y confusiones le cuento esto al infinito, a una ventana inquebrantable que deja ver el universo estrellado. Y me pregunto para qué de contar estas cosas, cual era mi necesidad. ¿Mi amante y mi amiga? ¿Realmente me abrí con esas personas, o necesitaba abrirme, o necesitaba sentir que me abría? Al final, creo que solamente terminé usando a las personas de mi entorno para vomitar mis cosas. Como ahora lo hago con una ventana y con las estrellas del cosmos, pero el frío espacio no me hace sentir culpable. Tanto por que está frío, como por que no va a tener reacción alguna a lo que digo. El vacío, aparente, de la galaxia no se va a preocupar por mis palabras, no va a pensar en mis problemas y no me va a tener que dar jamás una respuesta.

Que ironía, yo pensando en todas estas cosas... Y sospecho que principalmente se debe al tiempo libre, al excesivo tiempo libre. Y que no se mal interprete, puedo hacer cualquier cosa para ocupar el tiempo, desde cosas socialmente útiles a cosas triviales o personales e íntimas. Pero tengo tanto tiempo libre, tanto que mi mente se escapa de mi compartimento, de la sección presurizada, de los jardines espaciales y de la colonia. Va más allá del cúmulo de colonias. Se escapa, salta de estrella a estrella, vaga por nuevos soles, y mientras tanto me devuelve dilemas existenciales. Cosas que en otras circunstancias probablemente no tendrían razón de ser, o ni siquiera pensaría. Tengo entendido, por que fue varias generaciones antes que la mía, que los humanos del planeta tenían que trabajar duramente para sobrevivir, y que no vivían más de noventa años y en un paulatino apagado del cuerpo y la conciencia. No imagino qué habrían pensado esos humanos. No creo que lo mismo que yo, a menos que por algunos motivos bien diferentes a los míos hubiesen tenido mucho tiempo libre.

Los humanos en el planeta, trabajando para sobrevivir, envejeciendo y muriendo. ¿Y tenían tiempo para contarles fantasías y miedos a los amantes, y preocupaciones y sentimientos a los amigos, y esperar respuestas y dejarse estar y divagar? No podían contemplar las estrellas como yo, o al menos debían esperar al anochecer y recostarse en el suelo, y sabiendo que se acercaba el amanecer para robarles el momento y una nueva jornada, sacrificios, muerte, rutinas... Talvés se preocupaban de las mismas cosas que yo ahora en un laberinto de metal extraterrestre. Talvés se preocupaban de las mismas cosas, pero con más intensidad por que se les iba la vida, y les duraban poco esas preocupaciones, por que el tiempo se les escurría. O eran preocupaciones más simples, como si comerían legumbres o verduras, o si comerían, o si saldría el sol nuevamente.

Tenían religiones, y ciencias que parecían religiones, y otros tipos de construcciones, talvés les ahorraban tantas preguntas. Y puede que hubiese en ello un poco de esa falta de tiempo, con tiempo libre uno se termina por cuestionar todo, desde lo macro hasta lo micro, y en la historia planetaria tardía ya había tecnología suficiente para que hubiese tiempo para pensar. A algunos no les habrá convenido que haya tiempo para pensar. Muy paradigmático, a nuestros benefactores extraterrestres no les importó que tengamos tiempo para pensar, al contrario, nos ofrecieron el tiempo, la vida, la eternidad tranquila en este confinamiento a cambio de nuestro planeta. Decían que no lo merecíamos y que nos estaban haciendo un favor. La verdad es que fue cierto... Aunque no dejo de pensar en que esta colonia, como las otras, no son más que enormes y comunales, hermosas y paradisíacas cárceles de lujo. Estamos confinados a la eternidad para hacernos todas las preguntas que se nos ocurran, o matarnos. Matarnos por que no encontramos respuestas, matarnos por que ya no encontramos preguntas, matarnos por que la eternidad no ha borrado la identidad.

¿Pero que le estaba diciendo al espacio eterno de titilantes estrellas? Que mi amante y que mi amiga, que las fantasías y los sentimientos. ¡Ah, sí, ya recuerdo! Que temo que las estoy usando, no sé bien para que, para desquitarme quizás. No sé por qué. Si puedo desquitarme con esta ventana hacia el infinito. ¿Espero una respuesta? Hace mucho, mucho tiempo, los mortales planetarios vivían y morían pronto, necesitaban refugiarse en otros humanos y las respuestas de los otros, mortales y efímeros también, tenía un valor que ya no tiene sentido. ¿Que espero encontrar en las respuestas de otros longevos y aburridos organismos de una colonia espacial? Puede que la humanidad, a lo mejor la humanidad tiene mucho de diversidad y espontaneidad, de estímulo y respuesta. ¿Qué espero encontrar y por qué me siento tan culpable?

¿Mi amiga y mi amante ya se habrán preguntado estas cosas o todavía no les ha tocado?

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2018-01-31

Primer Embarque

“El espacio es frío y silencioso.  Viajar por el espacio es como estar muerta, aunque no sé cómo es estar muerta.  Sería más correcto decir que sospecho que estar muerta debería ser como viajar por el espacio…”

Hace mucho tiempo vivía en la segunda luna del planeta RC402. Habían pasado algunos años después de que me fui de mi casa y me despedí de mis padres sin decir una palabra. Había decidido estudiar astrofísica y tomé una pasantía como azafata, parecía una buena idea. Hace mucho tiempo, mucho. Hace algunos pocos años para mí.
Había cortado relaciones con mis padres, me despedí con algo de pena de mi hermanito, pero ya había tomado una decisión. No me importaba volver a verlos. Me despedí de un pibe que pretendía ser algo así como mi novio, si no fuese por qué yo quería ser libre seguramente hubiese construido una historia cursi con él. Y estudié, y tuve un trabajo de medio tiempo, y llegaron las pasantías a la facultad. Una buena pasantía me facilitaría unas cuantas cosas, obtendría puntuación para no tener que tomar tantas materias adicionales y de paso tendría algo que agregar a mi cartilla laboral. Hace ya unos cuatro años de que firmé y me embarqué como tripulación de la Jauría, una nave de transporte comercial. Un viaje largo. Fueron como tres horas y media a hipervelocidad, fueron como cincuenta años para el resto del universo.
Tres horas de mi vida y mis padres habían muerto, y mi hermanito tenía nietos.
En un viaje por el espacio perdí mi historia personal. ¿Qué podía intentar reconstruir con mi hermano? Era como si me hubiese despertado de un coma. Una compañera me contó que en su primer viaje, al volver, no tuvo mejor idea que ir a visitar la tumba de su ex. Se había separado por una pelea tonta y por despecho se embarcó, y al volver al espacio continuo se encontró con un mensaje de él despidiéndose. Dice que vomitó y lloró por días, y que se embarcó nuevamente para visitar su tumba. Sabía que él ya era anciano y estaría muerto al llegar. Le mandó un mensaje deseando que lo llegase a leer antes de morir, y le juró que estaba volviendo solamente para dejarle flores en su tumba. Pero, no se animó a entrar al cementerio, y ahora cuenta la anécdota intercalándola con la vez que derramó café sobre un embajador y le inventó una historia muy loca para que no le haga una queja. Y yo, pienso que ese pibe que dejé no lo voy a volver a ver, y mis padres desaparecieron, y mi hermano está en otro mundo. Ir a verlo es imposible, embarcarme nuevamente es pasar de largo su muerte. Ya sé lo que he hecho, tomé una decisión, ya no tengo historia. Sé que es lo que se busca, al fin y al cabo, las historias personales afectan a la eficacia de los empleados. 
Para viajar por el espacio no hay que tener historia personal…
Al viajar por el espacio se pierda la historia personal…
¿Qué es lo que vivimos? Una vida paralela, una vida abstraída de la continuidad, una vida de saltos. Sospecho que al volver a mi mundo podría terminar de estudiar astrofísica, si existe la universidad, y si no será en otra. O en otro mundo. O podría quedar aquí varada, entre embarque y embarque, saltando de tiempo en tiempo. No sería ni la primera ni la última tripulante que abandonó una vida de continuidad, una historia, para entregarse a algo que no es ni historia ni nada claro.
Podría embarcarme a un planeta que se dice dentro de algunos años va a ser un paraíso lúdico. Aunque, quien sabe, podría ser que al llegar los hoteles hayan presentado quiebra. Pero no creo, las computadoras económicas son muy buenas para asegurar los negocios de las familias burguesas del cosmos. Familias que ya no especulan con el porvenir de sus nietos sino con eternos linajes. Es lo mismo, no suelen viajar mucho. Pero, dicen por ahí, existe la leyenda urbana de que hay una forma de viajar sin hacer saltos temporales, que los poderosos las usan, y que solo los peones estamos condenados a no tener historia.
Cuando aceptamos un contrato con una empresa, cuando nos embarcamos, estamos firmando un contrato con el destino, otro con la muerte, y estamos renunciando a muchas cosas. Otra compañera dice que viene viajando desde hace unos ocho años. ¡Ocho años! Ni me atrevo a hacer la cuenta. Yo no existía cuando ella empezó a viajar. Ella podría ser incluso un antepasado mío. ¡Quien sabe! Pero asegura que es su último viaje, que estuvo ahorrando y ahora se va a instalar como colona en este mundo, quiere plantar zapallos. Antes de embarcarme soñaba con la astrofísica y me hacía una idea medio romántica de abandonar todo, de entregarme a la aventura espacial. Ahora plantar zapallos me empieza a parecer una buena idea. ¡No es que quiera ser una granjera! No, ni ebria. Pero, la tranquilidad, la idea de una continuidad, de no perder nada más, establecer lazos. Y si no funciona, puedo embarcarme de vuelta. Bueno, hay un límite, muchos años no se puede estar sin embarcar, pero sí el tiempo suficiente para ver si uno se adapta. Pero no sé… Como ya lo perdí todo, y lo poco que tengo es lo que llevo conmigo, podría seguir así por mucho tiempo, muchísimo más tiempo para el tiempo continuo. Entiendo este aparato macabro, es como borrarte, resetearte, formatearte. Y uno se deja llevar. Ya no hay poesía romántica en esto.
Y el espacio, una eterna oscuridad. No hay ni arriba ni abajo, no hay ni día ni noche, no hay vida, no hay nadie, no hay nada. El espacio es vacío. En realidad no es así, hay partículas, pero… Es otra cosa que cambió en mi, y en pocos meses, cambié muchas cosas. Me fascinaba la complejidad atómica y ahora me es tan irrelevante. Yo no percibo más que vacío, soledad y un abismo eterno. Adentrarse en el espacio es como una muerte, y no hay explicación científica que me satisfaga. Que me van a hablar de cuántica, de neurología, pero es igual. Lo he visto en las caras de muchos futuros colonos, personas que abandonaron sus vidas para siempre para iniciar nuevas vidas. Gente con esperanzas o con tristezas abrazadoras, o con ambas cosas. He visto la vida y la muerte en los rostros humanos de los pasajeros. También he visto la muerte en vida, pasajeros y tripulantes que ya se desapegaron tanto de su historia personal que podría confundirlos con cualquiera de los tableros o consolas de la nave. No quiero convertirme en ellos… Espero darme cuenta a tiempo y abandonar. Quedarme en cualquier planeta, incluso plantando zapallos. Creo que si algún día despierto de un sueño profundo y mirando la ventana la inmensidad vacía, y si me doy cuenta de que ya estoy muerta en vida, creo que abriría una escotilla cualquiera para morir y llevarme la nave conmigo… Espero no llegar a eso.
Empiezo a creer que cometí un error. Que habían formas más “maduras” de alejarme de mis problemas, de mi familia y de mi misma. Pero, ya los dados del destino fueron arrojados y estoy en otro tiempo. Y soy otra persona. Es aterrador, y lo más aterrador es lo inevitable.
Viajar por el espacio con los ojos bien abiertos es mirar la muerte. La muerte no es una calavera sonriente con túnica y guadaña, la muerte es el abismo y la nada, el olvido. ¿Conocen la sensación de haber olvidado una canción o un rostro importante? Lo mismo, pero con uno mismo, con la vida.
No, no hay moraleja. Es muy fácil suponer una moraleja. Igualmente de fácil que pensar en un final trágico o feliz. No tengo idea de lo que me espera. ¿Alguien tiene idea de lo que le espera? Nomás, yo me precipito a un vacío más profundo que aquellos que persisten con sus historias en el tiempo continuo. Y no tengo moraleja. No quiero una moraleja.

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2013-01-04

Esencialmente humanoides


Caminé por la senda junto a la ventana al exterior, tras ella la negrura del espacio se salpicaba a penas por las estrellas.  Hacía falta mirar con detención para notar que siempre hay muchas más de las que uno cree.  Tenía un paquete armado a las apuradas, dentro llevaba una comida que había hecho con esmero y al pensarme a mi en esa situación no pude no reírme de mi y recordad las viejas series animadas japonesas.  —¡Me he transformado en un cliché!  Bizarro y exótico, pero un cliché.—  Seguí mi rumbo y me acomodé un poco el cabello, largo y ondulado como siempre me había gustado.  La senda metálica seguía mucho más y tenía unos veinte minutos de caminata tranquila.  ¿Qué tenía el paquete?  Los llamados “otakus”, aficionados a la cultura japonesa, sabrán entender mi risa y mi referencia a un cliché.  Había cocinado con profunda dedicación una comida que sabía que a ella le gustaba y que era muy difícil de conseguir hoy en día.  En parte por la dificultad de producir con fidelidad los materiales para prepararlo, y en otra parte por que eramos pocos los que recordábamos aun los procedimientos anticuados de la vida planetaria.  En resumen, sabía que mi obsequio habría de gustarle.  Y ella seguramente habría de esperarme con una infusión que, debo aclarar, también era difícil de reproducir.  No es que ella sea la mejor en prepararla, habían muchos que lo habrían hecho mejor, pero su dedicación era más gratificante para mi que cualquier otra.
Caminé sin prestarle demasiada atención a las estrellas tras las ventanas, ya estaba demasiado acostumbrado.  Y solo observé con interés las luces artificiales de los faroles.  Los senderos estaban iluminados por faroles de una forma redondeada y poco llamativa, y no pude no pensar en un dejau vu.  Estaba seguro de haber visto escenas similares yendo por algún parque del planeta.  Pensé en que hay patrones que escapan a cualquier adaptación, y que no dejamos de repetirnos a nosotros mismos.  A pesar de haber abandonado hace tanto tiempo la vida en la atmósfera, a pesar de habernos adaptado tan bien a un hábitat artificial en el espacio, rodeados de paredes de metal y data-placas y data-paneles.  La tecnología nos había permitido dominar nuestros cuerpos y mantenernos jóvenes y saludables, pero eramos los mismos en el fondo.  Siempre lo voy a sostener, desde que vivía en el planeta que lo sostengo, que nunca cambiamos, que solo nos adaptamos.  ¡Y grande y bueno es saber que nos adaptamos!  Eso hace la diferencia entre ser hipócrita o iluso.  Sabernos adaptables y adaptados es un gran avance.  Solo resta hurgar y saber hasta donde nosotros somos adaptación al entorno y qué es lo que realmente somos.  Y ahí surgen los patrones...  ¿Por qué habríamos de tener tantos patrones?  Si no es adaptación al entorno, si no es adaptación a los demás, los patrones están ligados a lo que siempre seremos.  —¿Y qué tiene que ver esto con los faroles?  ¡Jajaja! —  Sonreí pensando en lo difícil que me sería encontrar la relación con los faroles, pero sabiendo que muy probablemente esa misma noche estaría buscándola.  Y ahí me encontré con otro patrón, el de la noche.  Ya no existe la noche, en el espacio no hay noche, pero nos empecinamos en que la haya.  ¿Creamos siclos de día y noche solo para adaptarnos a la carencia de noche en el espacio o es que el día y la noche se asocia fuertemente a algo que somos y siempre seremos?
La búsqueda de lo que realmente somos es importante para algunos, estamos en una etapa de vertiginoso cambio en el que algunos tememos perdernos a nosotros mismos.  Y muy probablemente es por eso que me aferré tan fuertemente a ella.  Una de las pocas personas que me encontré que había conocido y querido en el planeta.  Y me alegré mucho más de que siguiese soltera, o más bien, “libre”...  La primera vez que la vi en la eco-nave me quedé paralizado, ella me sonrió como lo hacía antiguamente con un toque de inocencia, luego la abracé tan fuerte que casi le quito el aire.  Derramé lágrimas y eso fue todo un logro, pensé que ya no las habría de derramar por alguien, pensé que me había adaptado a la frialdad de mi nuevo entorno.  Desde entonce no dejé de visitarla o invitarla a dar una vuelta, y a pesar de que nos conocíamos de antes y de que ya han pasado tantos años desde el reencuentro, todavía me cuestan algunas demostraciones de afecto y me sonrojo, otra cosa que no ha cambiado en mi...
Su hijo me vio a lo lejos por el sendero.  Él era un joven notable en una de las células de trabajo mecánico.  Cuando lo había conocido en el planeta a penas tenía dos años de vida.  Ahora había pasado tanto tiempo que aparentaba la misma edad que yo, o más bien yo aparentaba la misma de él.  Pero los que sabemos mirar podemos apreciar en la mirada y en los movimientos el paso de los años en una persona.  Por más que seamos saludables, hay ciertos detalles que se dejan traslucir, una forma diferente de apreciar las cosas con menos ansias.  ¿Esto es entonces adaptación?  ¿Como separar en una personalidad lo que siempre se es de lo que se va siendo en diferentes momentos?  No dejo de comparar a personas que asemejan la misma edad pero que tienen diferencias significativas.  El muchacho me saludó de nuevo, ya acostumbrado a mi presencia, y se volvió a la casa para prepararse a una tarea laboral.  Ella salió a la puerta para recibirme justo cuando pensaba en que no tenemos casas propiamente dichas y seguimos usando esa palabra.  Ya no importaba de todos modos, me sonrió y me saludó con un beso, por lo tanto no hay razón para pensar en palabras.
Entro con ella y quiero pensar que los besos están entre esas cosas que siempre serán!

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