Distinguí sus sandalias plateadas entre tantos pies y tantas patas. Distinguí la presión de la piel de sus dedos cuando usaba tacos. Vi como se movían decididas a hacia la calle, la función había terminado, y mientras el auditorio esperaba agasajarse con los artistas, ella subía a un carro para alejarse. Esperé a que desapareciese de mi vista, no estoy seguro si fue una gentileza con ella o conmigo.
Me sonreí a mi mismo y caractericé un andar como si hubiese entendido un mensaje, no sé para quien estaba disimulando, las calles estaban oscuras y la gente estaba en otro mundo. Yo estaba en otro mundo.
Subí a otro carro, definí mi destino, de vuelta a la vieja floresta de siempre. Pensé, la pensé, me pensé, y me reí. Fue un ataque de algo desde lo profundo de mi mente y que se adueñó de mi, me hizo reír y puso palabras frente a mi que me revelaron evidentes verdades. Estaba en el carro solo, en una calle sola, en una oscuridad apenas acompañada por luces tenues. No le prestaba atención a las estrellas que estaban allí y apenas la luna desde algún lateral se erguía, y no quise saber si lloraba o se reía, y como es que reía.
"Soy un estúpido". Fueron las palabras. Y era evidente. Sabemos qué, o deberíamos saber qué, toda desilusión parte de una ilusión, y que las ilusiones son obra de uno mismo por querer buscar algo que no es. Las ilusiones son el resultado de apresurarse. Y me apresuré, y no vi en donde estaba y lo que hacía yo, y lo que hacía ella. Y me queda un poco la incógnita de saber qué es lo que ella buscaba, qué veía en mí, qué es lo que realmente pretendía. Supe que se arrepintió, no hablamos nunca al respecto, nada pasó, fue como un espejismo, fue como una ilusión.
Un estúpido por ilusionarme. Podría fácilmente culparla a ella, decir que ella me ilusionó, que ella corrió hacia el carro alejándose de mí que estaba ahí tan bien dispuesto, que tenía hermosos planes. Sería una falacia, y esa entidad ajena y hermana, me dijo estúpido y se rió con mi boca, y yo reí con ella con mi boca, y entendí muchas cosas. Y seguí avanzando en la noche, solo en el carro, comprendiendome y lamentando no poder contemplar el mar para comprender más.
Sé un poco más lo que quiero y lo que no quiero, sé un poco más quien soy y lo que no soy, y me cuesta un poco más ilusionarme, y las desilusiones no me impactan tanto. Y me pregunto, ahora, si es acaso una sólida madurez o una pútrida madurez...
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“Recuerden que un blog es como una amorfa masa biomecanoide llena de cilicios y falanges qué alegremente se alimenta de vuestros comentarios!”
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2018-01-10
2017-10-19
Fragmento Caprichoso 11
E—No quiero caer en un debate feminista, no por que no sea feminista, sino por que no quiero hacer de la conversación un diálogo de activistas.
C—Sí, comprendo, querés mantener cierta neutralidad, al menos para empezar por que luego no vas a evitar tu opinión tendenciosa.
E—Todas las opiniones son tendenciosas...
C—Por que somos humanos, muy cliché!
E—Puaj!
C—¿El cliché?
E—Sí, obvio.
C—¿Decías?
E—Decía que dejando de lado la crítica feminista... ¿Notaste que es frecuente, al menos en algunos escritores, que sus héroes sean hombres más o menos curtidos de mundo o calle o vida, y que si andan con una mina le terminan dando lecciones?
C—Con algunos escritores, querrás decir los escritores que vos lees.
E—Ehm, borrame lo de frecuente mejor. ¿Notaste a esos escritores? O más bien a esos personajes.
C—Hombres curtidos que son condensendientes con sus minas. También hay otro modelo, el de la figura femenina en el relato cumpliendo un rol de guía espiritual.
E—Pero no es la mina, es una dama sabia, o una anciana, o una mujer misteriosa. Si es la mina, en todo caso, es un nexo con el profundo caos del subconciente, o mejor dicho con la magia del mundo. Eso implica que sea un poco como una niña, que de soporte emocional y tenga buenas respuestas instintivas, pero es el tipo el curtido, el que razona y termina explicándole como es el mundo real.
C—Bueno, hay diferentes tipos de argumentos. Y no te olvides que tenés que contextualizar a los narradores.
E—¿Y en esa contextualización en donde termina el narrador y en donde empieza la sociedad en la que el narrador vive?
C—Buena pregunta, pero es una trampa, el límite hay que buscarlo en cada relato, o mejor no buscarlo. El narrador es en parte la sociedad.
E—Interesante esto de contextualizar narradores.
C—O autores.
E—Prefiero decir narradores, es más mítico.
C—Puede ser... ¿Qué es lo interesante?
E—Lo interesante es que lo que conocemos de la sociedad y como esta afecta al narrador, está plasmado en la obra. Pero al analizar la sociedad, el entorno, la época, toda influencia posible en el narrador, estamos haciendo una ingeniería inversa.
C—O literatura inversa.
E—Ponele. Y el narrador se vuelve un filtro que sostiene una pluma.
C—Ahí voy cayendo a la preferencia de usar narrador, por que un poco narra sobre su vida y entorno.
E—No quería decir eso, pero también.
C—Entonces, cuando conocemos a un personaje que es un hombre que es condesendiente con su mina...
E—Recalcando el aspecto posesivo de su mina.
C—Dijiste que no querías caer en debates feministas.
E—Ufa...
C—Cuando conocemos a tal personaje. ¿Deberíamos hacer una crítica al narrador o a la sociedad que lo influyó? Por que puede ser que el narrador prefiera escribir sobre minas mágicas e ingenuas, o que ese sea el arquetipo femenino de la sociedad en la que vivió el narrador.
E—O de la sub cultura del narrador. La cuestión es que no me parece popular que un personaje femenino e igual al personaje masculino, le explique cosas.
C—He leído relatos en que sí.
E—Algo poco conocido, o quizás se te vino a la mente ese libro que no terminaste de leer, ahí el personaje femenino es medio aterrador, no hay una relación de igualdad.
C—¿Y como pretendés una relación de igualdad en la que haya condensendencia?
E—No la hay, un personaje puede saber de algo que el otro no. Y viceversa.
C—¿Un poco como nosotras? Salvo qué...
E—¿Que una sea condesendiente?
C—Ni en pedo!
E—Nosotras somos dos mujeres y no tenemos una relación amorosa, y si así fuese, no creo que una sea la mina de la otra.
C—¿La mina de la otra? ¡Jajaja! Bueno, eso por que el narrador tiende a pensar en su héroe como un alterego, y a la mina del alterego como una una herramienta o medio. Puede pasar que algunos narradores se identifiquen con el personaje y la mina.
E—Entonces deja de ser mina y se convierte en coprotagonista.
C—Pero, también hay narradoras que escriben sobre heroínas que tienen chongos, y no me lo vas a negar.
E—Touche! He escrito algunas así...
C—No pensaba en vos, pero ya que estamos. Touche!
E—Aunque, todos cosificamos bastante a las otras personas...
C—¡Uf, ese es otro debate! ¿Es realmente posible no cosificar a las demás personas? Yo creo que no desde el principio de que somos una persona y no todas.
E—Y ahí está lo gracioso, por que para el narrador, por más simpatía o preferencia que tenga, él o ella es todos los personajes, y sus contextos.
C—Es otra cosa, pero es un buen cierre. Pido la cuenta.
E—Dale, voy al baño mientras...
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2017-03-23
Buscando la Sociedad Secreta - Clave 1
Este es mi diario de investigación, o mis bitácoras. Soy aficionado al periodismo y a las historias de misterio. Estaba estudiando bibliotecología, cuando un día tuve una revelación. Encontré por accidente, o al menos eso creo, un raro libro que no estaba en el catálogo. Tenía un separador de hojas y en él estaba escrito "La Sociedad Secreta - Clave 1". Como era de esperar no pude resistir investigar el libro. Estaba en latín, y la hoja señalada decía, según mis conocimientos superficiales del idioma, que lo importante llega a uno cuando lo es buscado sin buscarlo. Como el libro no estaba inventariado, me hice "el boludo", como quien dice... Me lo llevé, y ya vería si alguien me preguntaba al respecto. Por lo pronto estaba en una biblioteca bastante barrial, muy raro encontrarme un libro en latín muy a la vista y sin inventariar.
A lo mejor vaya muy rápido, en verdad no importa, estas son notas. Investigué el libro, al parecer era un tratado sobre ética social y no estaba firmado por nadie. Mi cabeza desvarió en ese momento. Asumí que ese libro debía de ser un estatuto de una logia, lo cual no era trillado. Lo raro era el anotador con el mensaje, me había olvidado aclarar que estaba escrito a máquina, y la hoja en donde estaba. Buscar sin buscar, clave uno de la sociedad secreta, un libro sobre ética. ¡Por favor, no quiero que parezca que estoy loco! Cuando decidí escribir esto asumí que no sabía a donde los sucesos me iban a llevar, pero quiero aclarar algo. Yo al principio pensé que podría ser una broma. Difícilmente del dueño de la biblioteca, un viejo maestro de geografía muy serio, o aburrido. Había una señora que limpiaba día por medio y que había sido portera de la escuela donde el maestro trabajaba, y no tenía pinta de bromista. Y como no solía ir nadie a la biblioteca, estaba muerta, era un pasatiempo de un jubilado... Ningún conocido mío se tomaría el trabajo, y amigos no tenía, así que no sabía. Igualmente, mi primer sospechoso era el bibliotecario, el viejo maestro, pero no debía de ser un chiste. A lo mejor estaba loco...
Pensé que por más chiste que fuera, podía ser entretenido seguir el juego. Me tomé el misterio del libro como pasatiempo personal. Até cabos y concluí que por algún motivo había una sociedad secreta con la que podía contactar, y que para hacerlo antes tenía que leer el libro, y que el anotador debía de ser un indicio de ello, por que leer el libro que definía las normas era una forma de buscar sin buscar. Es decir, comportarse como "un miembro" en lugar de buscar ser un miembro.
Otra opción muy razonable, claro, era que todo sea coincidencia de varias cosas, o chistes. A lo mejor el libro fue puesto ahí por error, a lo mejor el separador era el nombre de alguna librería... Bueno, eso lo investigué y no encontré nada notorio, podría ser una librería oculta, o personal. O todo podría ser una suma de caprichos, vamos, que yo solo estaba especulando. Pero lo importante es que sabía que especulaba, que en el fondo jugaba al investigador que hubiese querido ser... Y mucho más en el fondo, jugar a ser algo que hubiese querido ser era también, buscar sin buscar.
Así, entonces, empezó mi búsqueda e investigación de la sociedad secreta.
.
A lo mejor vaya muy rápido, en verdad no importa, estas son notas. Investigué el libro, al parecer era un tratado sobre ética social y no estaba firmado por nadie. Mi cabeza desvarió en ese momento. Asumí que ese libro debía de ser un estatuto de una logia, lo cual no era trillado. Lo raro era el anotador con el mensaje, me había olvidado aclarar que estaba escrito a máquina, y la hoja en donde estaba. Buscar sin buscar, clave uno de la sociedad secreta, un libro sobre ética. ¡Por favor, no quiero que parezca que estoy loco! Cuando decidí escribir esto asumí que no sabía a donde los sucesos me iban a llevar, pero quiero aclarar algo. Yo al principio pensé que podría ser una broma. Difícilmente del dueño de la biblioteca, un viejo maestro de geografía muy serio, o aburrido. Había una señora que limpiaba día por medio y que había sido portera de la escuela donde el maestro trabajaba, y no tenía pinta de bromista. Y como no solía ir nadie a la biblioteca, estaba muerta, era un pasatiempo de un jubilado... Ningún conocido mío se tomaría el trabajo, y amigos no tenía, así que no sabía. Igualmente, mi primer sospechoso era el bibliotecario, el viejo maestro, pero no debía de ser un chiste. A lo mejor estaba loco...
Pensé que por más chiste que fuera, podía ser entretenido seguir el juego. Me tomé el misterio del libro como pasatiempo personal. Até cabos y concluí que por algún motivo había una sociedad secreta con la que podía contactar, y que para hacerlo antes tenía que leer el libro, y que el anotador debía de ser un indicio de ello, por que leer el libro que definía las normas era una forma de buscar sin buscar. Es decir, comportarse como "un miembro" en lugar de buscar ser un miembro.
Otra opción muy razonable, claro, era que todo sea coincidencia de varias cosas, o chistes. A lo mejor el libro fue puesto ahí por error, a lo mejor el separador era el nombre de alguna librería... Bueno, eso lo investigué y no encontré nada notorio, podría ser una librería oculta, o personal. O todo podría ser una suma de caprichos, vamos, que yo solo estaba especulando. Pero lo importante es que sabía que especulaba, que en el fondo jugaba al investigador que hubiese querido ser... Y mucho más en el fondo, jugar a ser algo que hubiese querido ser era también, buscar sin buscar.
Así, entonces, empezó mi búsqueda e investigación de la sociedad secreta.
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