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2011-06-28

El Verdadero Sacrificio

Me motiva escribir sobre “el sacrificio” al escuchar la palabra una y otra vez en distintos entornos. Estos entornos son principalmente religiosos, y hay ciertas religiones, o pseudoreligiones, que usan la palabra abusivamente. Pero también se puede encontrar esa palabrea en otros ámbitos, como en sociedades varias, partidos políticos, movimientos culturales, y por supuesto… ¡Los ancianos conservadores! “Tenés que sacrificarte si querés ser alguien, si querés progresar!”

Primero que nada me gustaría plantear si en verdad es necesario el sacrificio… ¿Cuál es el fundamento que sostiene que haya que sacrificarse, sí o sí, para obtener algo? Es claro que para conseguir algo, se requiere una acción para con ese algo… Pero la idea de sacrificar habla de una pérdida y o de un padecimiento. La acción que se requiere para obtener algo se puede considerar como un esfuerzo, por lo tanto un padecimiento, por lo tanto, un sacrificio…

La vida que conocemos es en la práctica un gran esfuerzo. En realidad podríamos vivir muy sencillamente, con pocas pretensiones y ser muy felices. Pero no estamos a gusto con una vida muy sencilla. Ya sea por la ciencia, la sociedad, las imposiciones, las costumbres… Son muchos los factores que nos impulsan a la disconformidad con la vida que tenemos. Es cierto en parte que la vida que tenemos es una vida impuesta por el sistema, pero eso es parte de las circunstancias. ¿Qué pasaría si descubriésemos que la vida dolorosa que tenemos no sirve para nada? O mejor dicho. ¿Qué pasaría si descubriésemos que los padecimientos de nuestra vida no tienen ningún sentido? ¿Podríamos seguir viviendo de la misma manera si el sufrimiento fuese un capricho del destino? La única manera de tolerar el padecimiento de nuestras vidas es considerar que ese padecimiento tiene una finalidad. ¡Darle sentido al sufrimiento! ¡Que gran invento del humano! De esa manera se puede tolerar un poco la vida, ya que si sufrimos, tendremos una recompensa. Un divino equilibrio, una justicia natural, un plan universal… Me estoy adelantando.

Sabemos que para obtener algo es necesaria una acción. Ese es el principal fundamento para justificar el padecimiento en la vida. La acción es esfuerzo, y por lo tanto un padecimiento. Por consiguiente es lógico pensar luego que todo padecimiento puede conducir a una gratificación… Esa es la forma en la que podemos vivir el día a día. La vida es un sacrificio que nos proveerá de grandes gratificaciones cuanto mayor sea el sacrificio. Y esto desencadena en la idea de que, si la gratificación es proporcional al sacrificio, sería prudente sacrificarnos mucho! Muy prudente… Pero recuerdo haber escrito que el justificar el padecimiento con una gratificación posterior es una forma de tolerar los dichos padecimientos.

He mencionado que los padecimientos se relacionan con imposiciones sociales. En toda sociedad, como en todo grupo de humanos, hay individuos que por una razón u otra, adquieren poder sobre los demás. Obviamente el grupo de individuos otorga poder a un o unos pocos individuos por el motivo que fuese. Acá el sacrificio del grupo puede tornarse en un beneficio de la minoría poderosa. La minoría poderosa es fácilmente corrupta, eso es natural del humano. Dicha minoría hará muy bien en usar el concepto de relación sacrificio-recompensa a favor. La mayoría se sacrifica beneficiando a la minoría poderosa, la minoría obtiene beneficios inmediatos y la mayoría la promesa de una gran gratificación. Generalmente la mayoría es satisfecha con “espejitos de colores”. También se podría hablar de bolsas con comida, planes trabajar, asignaciones familiares, objetos ungidos, y el mayor engaño humano… ¡La eterna felicidad metafísica luego de la muerte! Ese engaño es perfecto. La vida misma es el sacrificio y a cambio se tendrá una eternidad idílica. ¡El paraíso luego de la muerte es tan grato que nadie ha querido abandonarlo ni por unos minutos para contarnos lo felices que están en él!

Socialmente la minoría poderosa siempre utilizará el sacrificio para abusar de la mayoría, eso es llevado al extremo por las religiones. Incluso se ha llegado a conjeturar que la vida es sufrimiento, y que para librarse del sufrimiento hay que sacrificar las pasiones… Volverse una estatua meditadora, sin sentimientos, inmersa en un estado letárgico…

Anteriormente dije que la vida podría ser más sencilla, y de este modo tener menos pretensiones. Las pretensiones en la práctica están generalmente ligadas a la vida en sociedad, al sistema, y al necesitar ser parte del sistema nos sometemos al modelo de sacrificio por recompensa…

Pero, pretensiones… ¿Lo que pretendemos, lo que queremos, es lo que nosotros queremos o lo que nos hacen creer que queremos? Pretendemos dentro del sistema, por que actuamos dentro del sistema. Deseamos un estatus social, una casa elegante, un auto, ropa bonita, un celular con pantalla táctil, el último CD del ganador del concurso de talentos… Independientemente de que estas cosas sean o no impuestas, son definitivamente valores del sistema, y nada implica que tengan valor personal para cada individuo.


Ahora cambiaré el sentido del texto…

Podemos aprender a diferenciar lo que la sociedad nos plantea como lo bueno, y lo que es bueno para cada uno. ¿Qué es lo que es bueno para usted? Juguemos un poco… Dejemos de lado el trabajo, la economía, la política, la familia, los clubes, la sociedad… Podríamos decir que lo bueno es bello y complaciente, pero eso no es lo que busco. Lo bueno es, para este texto, la manifestación más pura de uno mismo. Estar satisfecho de uno mismo, estar orgulloso, ser uno mismo… ¿Qué es “ser uno mismo”? Es ser honesto con lo que uno siente, no reprimirse, ser libre, elegir… Pero el “el ser uno mismo” entra en conflicto con el “ser parte del sistema”. Sé que suena muy jipi esto. No hablo de “luchar contra el sistema”, no hablo de irse a vivir a una comunidad a un bosque. O quizás sí, pero eso depende de aquello que uno desee…

Sí hay una lucha, pero no es contra el sistema. Como dije al principio, si se desea algo se requiere una acción para obtenerlo. Y ser un individuo en lugar de un “engranaje” requiere una acción. No es el tema la lucha con el sistema que nos impone una forma de vida, la lucha es con la comodidad que sentimos al ser parte del sistema. La lucha es con los temores a lo desconocido, a la falta de control sobre nuestra vida, al vértigo de las emociones! Ser libre implica diferenciarse, estar solo, vivir activamente, abolir el esquema de vida que hemos aprendido desde el nacimiento y crearnos nuestro propio esquema, o incluso vivir sin un esquema!

Sabemos ahora que considerar a la vida un sacrificio es una negación de lo malo que representa para nosotros la vida artificial a la que estamos acostumbrados. Al considerar la vida un sacrificio, se la está justificando, convenciéndonos de que hay una compensación o una razón para que exista el sacrificio. Reivindicamos el sacrificio para convencernos de que la vida artificial que tenemos es buena para nosotros…

Sé que soy repetitivo, quiero dejar las cosas claras… El sacrifico es razonable si se obtiene algo a cambio, entonces, se trata de una inversión. Pero, el verdadero sacrificio tiene que ser en beneficio de uno mismo.


El Verdadero Sacrificio…

El verdadero sacrificio es de uno mismo para uno mismo. No se trata de sacrificar un cordero, o de sacrificar dinero dándoselo a una asociación religiosa, o de menguar las pasiones de la vida, trabajar arduamente por un sueldo para comprar objetos o unas vacaciones, ni de estudiar día y noche para tener un título que quede bonito en la pared y que nos de acceso a un trabajo para tener un sueldo para comprar objetos o unas vacaciones…

La palabra “sacrificio” no es la adecuada… Pero si hablamos de sacrificio. ¿Qué es lo que tenemos que sacrificar? Sacrifiquemos a la persona complaciente y sumisa. Sacrifiquemos a la persona esquematizada. Un amigo mío hablaría de sacrificar a las ovejas… Sacrifiquemos al sujeto que nos han enseñado a ser, sacrifiquemos al sujeto en que nos convertimos para encajar. Dejar de lado la máscara, la ficticia y represiva personalidad que vivimos día a día, eso es un verdadero sacrificio. Requiere sacrificar las seguridades, las promesas, el futuro planeado, el eterno paraíso.

Como todo sacrificio hay una recompensa. ¿Cuál es la recompensa del verdadero sacrificio? ¡El ser uno mismo! ¡Sin mentiras autoimpuestas, sin aceptar las mentiras de los otros, sin condicionar nuestros sentimientos, sin esquematizar artificialmente la vida! Sacrifiquemos a la persona que cree que la vida es un sacrificio…


Eso es todo por ahora.


..

2011-06-25

Sobre el ungir objetos y sujetos...

Supongamos que hay una objeto, como un gran manto, que tiene cierto poder divino... ¿Quién le da el poder? La divinidad. ¿Por qué se lo da? Por qué alguien se lo pide.

Entonces, se puede pedir que en lugar de "divinizar" (o ungir) al manto, se divinice a uno mismo, así no va a ser necesario ningún objeto jamás!

¿Quién pide la divinización? (ungimiento) Un sujeto santificado, divinizado, ungido.... ¿Cómo es que ese sujeto obtiene ese estado? ¡Con fe! Con convicción en que puede acceder a la divinidad.

Puede acceder para divinizar a un objeto, o a si mismo...

Pero...

Se dice que el objeto divinizado, o manto ungido, o la intermediación del sujeto santificado, no tiene efecto si el receptor, el "creyente", no tiene fe. (Convicción)

Entonces… Para que se obre “un milagro”, o hecho divino, es necesario el poder divino. El poder divino puede ser imbuido en un objeto o en una persona. Para la divinización es necesario que ésta se solicite por alguien que tenga fe. A si mismo, para que el hecho divino suceda es necesario, irremediablemente, que el interesado también tenga fe. Por lo tanto!

Si es necesaria la fe del interesado para que obre el hecho divino, eso quiere decir… ¿Haber, me siguen? ¿Se les ocurre? ¿Sí? ¿No?

¡Eso quiere decir que uno mismo, si tiene convicción, puede ser divinizado a si mismo, o ungido, o bendito, o santificado, o entrar en comunión con la divinidad, o con Dios, o con la Diosa y Dios, o Gaia, o lo que sea!

Yendo al grano… ¡Quien tiene fe no necesita de sacerdotes, templos, objetos ungidos, ni cualquier otra cosa! ¡Quien tiene fe accede por si mismo a su dios sin la intermediación de nadie y de nada!

No puedo desearles bendiciones, a lo sumo, deseo que sean libres y que se bendigan a si mismos! Mis saludos.

Joaquín Armental

2011-05-26

La Escapada de Narutolandia, Acto 11

Estabamos tomando un poco de una bebida que mi amigo Juan había conseguido antes de entrar a Narutolandia, era la bebida de Lucia, pero nos convidó un poco. Yo solo bebí un sorbo, Juan no… (Juan no bebió solo un sorbo)
J—¡Tendrías que haber comprado unas oreo!
L—¡Ufa! Todo yo…
B—Haber… Atemos cabos.
J—Si. ¿Qué queres descubrir, el misterio de Narutolandia?
B—Algo…
J—Sabemos que hay un grupo misterioso que digita todo en las sombras.
L—Como en nuestro mundo.
J—Amen! Y hay varios grupos, a saber los “narutistas”, los “nekos”, los “metaleros”, los “adoradores de los juegos de video”
B—Ni me lo recuerdes.
J—Parece que en cada evento se queda gente atrapada, y deben usar varios métodos para concretar ese fin. Básicamente todo el evento es para ello. Pero también para atraer dinero, u otra cosa, de nuestro mundo.
L—¿Qué otra cosa podría ser? La mujer mala y acechadora disfrazada de egipcia degenerada quería robarles su vida… A lo mejor trabaja para ellos.
J—Yo no creo que se relacionen tanto, pero puede que tengan el mismo fin. A lo mejor no les interesa sacarnos dinero por que no comercian con dinero, pero como el consumismo es a lo que estamos acostumbrados allá en nuestro mundo, es mas conveniente que nos atraigan de una forma semejante.
B—Eso tiene sentido.
L—¿Vos realmente queres decir que en lugar de quitarnos dinero nos quitan vida?
J—Un poco a cada uno en cada evento. Como los bancos que con sus intereses y con los centavos que retienen en los cajeros, y el dinero que no es múltiplo de diez…
L—Andá al grano y no hables de economía que te gusta mucho y te vas por las ramas.
J—Voy a que nos sacan un poquito de vida de cada uno y nosotros no lo notamos, y ellos se consiguen una gran cantidad de vida.
L—Pero eso igual es una suposición.
B—Lo que yo me pregunto es… ¿Cómo extraen la vida y donde es que la almacenan?
J—La vida ya nos la están extrayendo, estamos acá en lugar de estar en nuestro mundo.
L—Pero eso no les sirve de nada a “ellos”. Nos están sacando nuestro tiempo, si, pero no ganan nada con ello.
J—Ganan nuestra atención. Ganan nuestra acción.
B—Entonces todo gira entorno a que funcione un sistema paralelo… Es algo aburrido, es demasiado ordinario.
L—Si, no necesitan de Narutolandia para hacer algo así.
J—Pero Narutolandia tiene cosas que no tiene otro lugar. Se trata de la frontera entre el otro afuera. Acá deben de haber otra clase de recursos que no hay en el mundo de donde venimos.
B—Ok…
L—Me suena muy rebuscado. Creo que esto es solo para ganar dinero.
B—El dinero en si mismo no importa.
J—El dinero en si mismo no existe.
B—También… Voy a que lo que importa no es el dinero, sino el poder que este otorga.
L—Es lo mismo.
B—Para nosotros es lo mismo por que estamos acostumbrados a usar el dinero como medio de poder. En otros tiempos el medio de poder era el oro, en otro la sal. Mucho antes era la fuerza bruta, en otras circunstancias es el terror, o la religión…
L—¿Qué clase de medio de poder puede haber en Narutolandia que en otro lado no?
B—Acá es muy importante la imaginación. Dado que hay que dejarse llevar por la imaginación para interpretar roles y aceptar ciertas ideas. Hay también algo de inocencia. A lo mejor lo que obtienen “ellos” de esto es inspiración, ideas.
J—Si, va cobrando forma.
L—Se puede obtener inspiración de muchas formas… Debe ser otra cosa, piensen!…
B—Quizás ellos en verdad no pertenezcan a nuestro mundo, talves pertenezcan a Narutolandia.
J—O quizás pertenezcan al otro afuera.
B—¿Vos desis que provengan del inconsciente colectivo? No me convence.
J—Ellos no son claros para nosotros. Se manifiestan de forma simbólica. Esto a su vez es como un sueño. Talvés ellos sean el inconsciente colectivo…
B—Eso es interesante, muy interesante!
L—Basta. No llegamos a ningún lado, son solamente suposiciones ridículas. Vamos a perder la tarde discutiendo esto.
J—Es cierto, yo digo que vayamos a la plaza, ahí seguro vamos a encontrar cosas interesante.
B—Si es el equivalente narutista de plaza once, ni que lo digas!
Nos levantamos del suelo y nos dispusimos a caminar luego de tanto divague. A veces nos dejábamos llevar por nuestros diálogos y terminábamos en discusiones que no habíamos imaginado. Pero había algo de lo que no habíamos hablado. Yo tenía la sensación, y ya lo he mencionado, que había un constante estado de guardia en la gente de Narutolandia, como si estuviesen preparándose para algo. No se trataba del evento en si, había algo subliminal. Me llamaban la atención las facciones, y me daba la sensación de que en algún momento se desataría una guerra. Claro que se podría tratar de otro truco…
Como la avenida en la que estábamos nos conducía a la plaza principal de esta parte exterior de Narutolandia, seguimos por ella. Atrás quedaron los Narutistas que estaban practicando junto al portón.
L—¿Y si los narutistas que estaban junto al portón en realidad lo estaban custodiando para que nadie pase?
J—Puede ser.
B—No sé me había ocurrido, es probable. Y se hacen los boludos para pasar desapercibidos.
J—Eso es muy común, no es cosa de los narutistas nada mas.
Nos alejamos también de la avenida que nos había traído de Narutolandia. Mientras avanzábamos, a nuestros lados, cruzábamos calles pequeñas y aparentemente peatonales.
J—Este lugar se parece a Jeruzalem…
B—Yo mas bien pensaba en Marruecos.
J—Si, también, a Luth Golein…
B—¡Jajajaja! Si, especialmente Luth Golein!
L—¿De qué están hablando, de ese juego horrible? Yo diría que las casitas se parecen a las casitas de los bizantinos y los sarracenos.
J—Es cierto, es muy parecido… Espero que no aparezcan unos mamelucos por los costados!
B—O un grupo de jenízaros…
J—Pero, yo pasaría desapercibido, les digo que ustedes están con migo y no les hacen nada.
L—No seas así con vos mismo…
J—No sé, a mi me dieron ganas de jugar al Age…
B—A mi al Diablo, es uno de los mejores juegos que hay!
L—A mi me gusta jugar con los gusanitos…
B—Eso puede ser interpretado de muchas formas.
L—¿Escuchas lo que me dice?
J—También escucho lo que vos decis…
L—Los dos son unos tarados!
Seguimos charlando un rato mientras caminábamos por la avenida hacia la plaza de Narutolandia exterior. ¿Habríamos de encontrar mas sujetos como los que habíamos visto, o sujeto que jamás hemos visto?

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